
En medio de protocolos sanitarios reforzados, inseguridad crónica y la esperanza que generan los ensayos de vacunas, la red de escuelas católicas de Ituri, en el noreste de la República Democrática del Congo, se organiza para garantizar que los jóvenes de Bunia no pierdan el año escolar. Según la OMS, la epidemia actual se está propagando más rápido que todas las anteriores.Severin Moussavou – Ciudad del Vaticano
El regreso a clases en la República Democrática del Congo tendrá lugar en todo el país el martes 1 de septiembre, según anunció oficialmente el Ministerio de Educación. Sin embargo, en la diócesis de Bunia, en Ituri, este regreso se prepara en un contexto particularmente difícil, marcado por la decimoséptima epidemia de ébola que azota al país y que hasta la fecha ha causado más de 2300 muertes y más de 4900 casos confirmados. El padre Willy-Rogatien Dzaringa, coordinador diocesano de las escuelas católicas afiliadas en Bunia, explicó a los medios vaticanos las medidas implementadas para garantizar el regreso seguro de los estudiantes a clases.
«Las escuelas católicas de la diócesis de Bunia, que administramos como todas las demás», asegura el padre Dzaringa, «se están preparando para abrir sus puertas en esta fecha». El protocolo previsto se basa en el fortalecimiento de las medidas de prevención, la sensibilización de «todos los profesionales de la educación y el aprendizaje» y una «supervisión bastante rigurosa». Específicamente, esto implicará «reactivar y aumentar el número de dispositivos para el lavado de manos en todas las escuelas» y equipar cada escuela con un termómetro láser de frente, más conocido como termómetro infrarrojo. Además, al final del curso escolar anterior se designaron supervisores en cada escuela, encargados de garantizar la «transmisión diaria de información sanitaria».
El coordinador diocesano, sin embargo, no oculta las limitaciones de este sistema. «La financiación para estos dispositivos para el lavado de manos, y especialmente para los termómetros infrarrojos, es absolutamente insuficiente», se lamenta. Aunque algunas escuelas ya cuentan con equipamiento, recibido principalmente gracias a donaciones de organizaciones humanitarias, «su número dista mucho de cubrir las necesidades reales de las escuelas, especialmente en las zonas rurales».
Más allá del aspecto estrictamente sanitario, la confianza de los padres también está en juego. «Ya estamos intentando tranquilizar a las familias proporcionándoles información clara sobre las medidas que estamos tomando en las escuelas para garantizar la seguridad de sus hijos ante la epidemia del virus del Ébola», explica el padre Dzaringa. Esta labor de sensibilización se basa principalmente en la Asociación de Padres de Escuelas Católicas, que difunde los mensajes «a nivel de los distintos comités escolares», así como en las parroquias donde se ubican las escuelas, en la radio diocesana y a través de otros medios locales.
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