

2º Domingo de Pascua : lecturas bíblicas
La lectura del evangelio nos sitúa en un pasaje muy conocido que tiene muchas interpretaciones y mucha riqueza. Vamos a ir destacando algunos aspectos de este 2º Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia.
En primer lugar, nos queríamos quedar con el saludo habitual del señor a sus discípulos: “Paz a vosotros”. Los discípulos estaban encerrados en una casa por miedo a los judíos y nosotros hoy en día en esta sociedad estamos encerrados en nuestras pequeñas seguridades cuando ahí fuera existe mucho desconcierto, miedos o incertidumbres con guerras en curso, enfermedades y muertes retransmitidas sin pudor… ¡Qué necesitados estamos hoy en día de paz, qué fácilmente caemos en el pesimismo y en el sentimiento de impotencia y qué transformadora es tu Paz que sí es capaz de cambiar el corazón de los hombres! Trabajemos por la paz del corazón, por la paz en las familias, por la paz en nuestro matrimonio y en nuestros trabajos y quizás teniendo y sintiendo esa paz podamos dejar de agredirnos, de desear lo que tiene el otro, de violentar a otros hermanos y de desear su destrucción, sus tierras o sus bienes.
“Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. Estaban perdidos, asustados, y de repente Él se manifiesta en medio de esa habitación cerrada y de su incertidumbre por el futuro. Todo el que ha tenido una experiencia de Dios, por pequeña y breve o constante que haya sido experimenta esa Paz y esa alegría que solo Dios puede darte.
“Bienaventurados lo que creen sin haber visto”. Aquí nos encontramos todos nosotros los creyentes que, sin haber visto al Señor, a diferencia de Santo Tomas, creemos por lo que nos han contado otros discípulos para los cuales el Señor está vivo y nos envía en medio del mundo con su paz y alegría. Estos discípulos que no han visto al Señor, pero creen en Él son o han sido nuestros padres, padrinos, profesores, catequistas, amigos o incluso extraños, pero también lo somos cada uno de nosotros en nuestras casas, trabajo y en nuestros ratos de ocio. No nos ha hecho falta meter las manos en el costado ni en las llagas, pero en ese encuentro Cristo Resucitado nos transforma y capacita gracias a su Espíritu para poder así entregar nuestra vida, nuestro tiempo, nuestras capacidades a quien necesite.
Hace bien poco, en la casa de los misioneros de África celebramos una misa de envío. Aquellos que íbamos a cambiar de vida, de trabajo o de destino teníamos muchos miedos, dudas, problemas. Tú cambiaste todo esto con tu paz, con Tu estoy a tu lado. Te sostengo. Descansa en mí siempre que necesites, lleva mi paz en tu corazón y atrévete a compartirla y siente la alegría de quien confía en mí y no dudes. No estás solo tienes mi Espíritu.
Seis meses después de esa misa de envío, creo que puedo hablar en nombre de todos que, en mayor o en menor medida, continuamos con cierto miedo, incertidumbres y dificultades, pero a mí personalmente me está ayudando mucho el saber que no estoy solo, que además de la cercanía de mi familia y amigos, cuento con la ayuda inestimable del Señor y de saberme enviado por mi comunidad a vivir con paz, alegría, confianza y esperanza este nuevo tiempo.
Juan, Guio, Lope y Bosco González Monforte.
(esta familia ya comentó el 2º domingo de adviento)