

El informe del Banco Mundial evidencia además que los pagos totales de intereses alcanzaron en 2024 un nuevo récord de 415.400 millones de dólares, a pesar del potencial «alivio» derivado de la caída de los tipos de interés globales. Por un lado, el Banco Mundial constata que el crecimiento de la deuda externa de los países de renta baja y media se ralentizó de manera significativa el año pasado, aumentando un 1,1% hasta rozar los 9 billones de dólares. Sin embargo, esto no es suficiente para consolidar su situación económica ni desde el punto de vista de la exposición a la deuda. El stock total de la deuda externa de los países en vías de desarrollo alcanzó en 2024 los 8,9 billones de dólares, con 1,2 billones concentrados en las economías de los Estados más frágiles (Ida) que reciben asistencia del Banco Mundial. Los países «frágiles», por tanto, se encuentran cada vez más asfixiados.
En los 22 países donde la deuda externa supera el 200% de los ingresos por exportaciones, más de la mitad de la población no logra sostener una dieta mínima adecuada. La deuda de Mozambique equivale al 343 % de su PIB; mientras que en Senegal, considerado en muchos aspectos «un ancla de estabilidad» en África, se sitúa en el 151%. Todo ello incide en las decisiones de los gobiernos, penalizando las inversiones en sectores vitales como el bienestar social, la sanidad, la educación y las infraestructuras.
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