

La esperanza cristiana no se apaga ante la violencia ni queda sepultada por la muerte. Es una esperanza que atraviesa el sufrimiento y permanece viva en el testimonio de quienes, incluso sin buscarlo, entregan la vida por fidelidad al Evangelio. Con esta convicción se presenta el informe anual que la Agencia Fides publica al concluir el año, dedicado a los misioneros y agentes pastorales asesinados en distintas partes del mundo.
En 2025, fueron 17 los hombres y mujeres (sacerdotes, religiosas, seminaristas y laicos) que perdieron la vida mientras desarrollaban su servicio pastoral. No se trataba de figuras mediáticas ni de protagonistas de gestos extraordinarios. Su testimonio se desplegaba en la sencillez de la vida cotidiana: en parroquias de periferia, en comunidades rurales, en contextos sociales atravesados por la pobreza, la inseguridad o los conflictos armados. Allí, su fidelidad silenciosa al anuncio de Cristo se convirtió en semilla fecunda.
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