

El Papa reclama una Iglesia que no ceda «a la tentación de la polarización»
/Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano
Una Iglesia que no ceda «a la tentación de la polarización». Que escape de la autorreferencialidad, que sea liberadora y que se centre en los pobres y descartados. Una Iglesia que vuelva a las «fuentes del primer amor». Una Iglesia, en fin, que renueve la pasión del Concilio Vaticano II. Ese es el «identikit» que ofreció hoy Francisco al recordar los 60 años de la apertura, a cargo del Papa Juan XXIII, del Concilio Vaticano II, el histórico encuentro de cardenales, patriarcas y obispos católicos de todo el mundo que estuvieron reunidos hasta el 8 de diciembre de 1965.
En su homilía, el Papa llamó a volver a las fuentes, «a una Iglesia que sea libre y liberadora». «El Concilio indica a la Iglesia esta ruta: la hace volver, como Pedro en el Evangelio, a Galilea, a las fuentes del primer amor, para redescubrir en sus pobrezas la santidad de Dios», planteó Francisco.
Con una reivindicación del Concilio que opera al mismo como hoja de ruta para el presente, Francisco pidió atención para que evitar las disputas y conflictos: » ni el progresismo que se adapta al mundo, ni el tradicionalismo que añora un mundo pasado son pruebas de amor, sino de infidelidad. Son egoísmos pelagianos, que anteponen los propios gustos y los propios planes al amor que agrada a Dios, ese amor sencillo, humilde y fiel que Jesús pidió a Pedro».