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Francisco: «Pido perdón humildemente por el mal que tantos cristianos cometieron contra los pueblos indígenas»

El Papa llora junto a Primeras Naciones, Métis e Inuit en su primer discurso en Canad

«Es necesario recordar cómo las políticas de asimilación y desvinculación, que también incluían el sistema de las escuelas residenciales, fueron nefastas para la gente de estas tierras».

«Renuevo mi pedido de perdón y decirles, de todo corazón, que estoy profundamente dolido: pido perdón por la manera en la que, lamentablemente, muchos cristianos adoptaron la mentalidad colonialista de las potencias que oprimieron a los pueblos indígenas». «Les agradezco por haber hecho que todo esto entrara en mi corazón, por haber expresado el peso que llevaban dentro, por haber compartido conmigo esta memoria sangrante».

 

Hay quienes todavía lo niegan. Que afirman que jamás existieron los abusos, las políticas de asimilación, las separaciones, el horror, las muertes. Entre ellos no está el Papa, y lo demostró en Maskwacis (la colina de los osos), durante su primer discurso en su «peregrinación penitencial», como la calificó frente a representantes de las Primeras Naciones, Métis e Inuit.

Porque el primer discurso (en castellano, como todos los que dará en este viaje, y bajo una fina lluvia) del Papa en Canadá no se dirigió a políticos, empresarios o eclesiásticos, sino a las víctimas. Con «dolor, indignación y vergüenza». Y con una rotunda disculpa: «Pido perdón humildemente por el mal que tantos cristianos cometieron contra los pueblos indígenas».

Antes, rezó en silencio en el cementerio del ‘parque del Oso’, sentado en su silla de ruedas, en una imagen que, salvando todas las distancias, recordaba a otras vividas, en Yad Vashem o Auschwitz. Rezando, en silencio, con las manos abiertas al cielo, y los ojos cerrados. No fue la única ocasión en que se detuvo para orar antes de llegar al encuentro propiamente dicho.

Perdón, sanación y reconciliación

Desde aquel lugar, «tristemente evocativo» (una placa recuerda cómo desde fines del siglo XIX hasta la década de 1990, unos 150.000 inuit, mestizos o integrantes de los pueblos originarios fueron ingresados a la fuerza en 139 internados de todo el país. Aislados de sus familias, su lengua y su cultura, a menudo sufrieron abusos de todo tipo) el Papa confesó que «llego hasta sus tierras nativas para decirles personalmente que estoy dolido, para implorar a Dios el perdón, la sanación y la reconciliación, para manifestarles mi cercanía, para rezar con ustedes y por ustedes».

Los indígenas, en su recorrido inicial, ‘procesionaron’ una inmensa pancarta roja con los nombres, en blanco, de muchos de los niños que murieron en dichos centros. Y, antes de que el Papa hablara, llevaron a cabo una danza de sanación y reparación. Perdonando antes de escuchar las sentidas disculpas de Bergoglio.

Recordando el encuentro vivido en Roma en abril, Bergoglio trajo consigo dos pares de mocasines, «símbolo del sufrimiento padecido por los niños indígenas» que las comunidades le entregaron «en prenda», y que el Papa devolvió al término de su discurso.


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Manolo Fernández