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4º domingo C   –   30 enero 2022. J.R. Echeverría

Jeremías 1,4-5.17-19   —   1 Corintios 12,31 – 13,13   —   Lucas 4,21-30

Hoy meditamos sobre las difíciles relaciones de Jesús con la gente de Nazaret, tal como las entendió Lucas, y que el evangelio de Marcos describe en el capítulo 6. Cuando hablan de Jesús, cada evangelista usa sus propias lentes. Por eso decimos «Evangelio según Mateo», «Evangelio según Marcos», etc. Y el relato de Lucas no es como el de Marcos. Según éste, la gente de Nazaret parecía haber asumido su mediocridad («¿De Nazaret puede haber cosa buena?», exclama Nathaniel en el Evangelio de Juan). Así que no entendieron cómo uno de ellos, un campesino, aunque fuera hijo de un artesano, pudiera hacer milagros y mostrar tanta sabiduría. «El clavo que sobresale llama al martillo», dice un proverbio japonés, conocido también en China y mencionado a veces por los africanos.

En los primeros versículos de su relato, Lucas parece más comprensivo que Marcos hacia la gente de Nazaret. Su asombro es ante todo, según Lucas, un asombro de admiración: «Todos le expresaban su admiración y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: ¿No es éste el hijo de José?”. ¿Cuál fue entonces según Lucas el origen de la antipatía hacia Jesús? En su obra (Evangelio y Hechos de los Apóstoles juntos) Lucas relata el «camino» de la Buena Nueva, desde Galilea hasta Jerusalén, centro del judaísmo, y desde Jerusalén hasta Roma, la capital de las naciones paganas. Es así como quiso dar testimonio de la universalidad de la llamada de Dios, tal como Pablo y Pedro la habían propuesto, y que reflejaba la voluntad y el proyecto de Jesús de Nazaret. Prueba de ello fue el discurso de Jesús en Nazaret según Lucas: El profeta Elías había sido enviado a una viuda extranjera de la ciudad de Sarepta, y Eliseo había facilitado la curación de Naamán, un pagano sirio. Implícitamente Jesús pedía a sus conciudadanos que dejaran de creerse el ombligo del mundo, el único pueblo «elegido», con exclusión de los demás. Les chocó tanto que decidieron que había que matar a Jesús.

Artículo completo: 4º domingo C-Echeverría

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Manolo Fernández