Amigos en Semana Santa 2016

La cita fue en Madrid a las 8:00 am para iniciar el camino hasta Braojos, un pueblo en la Sierra de Madrid. Eva, Toni, otra Eva, Jaime, Sandra, Alberto, Alma, Daniel, Ana y yo, en total diez personas, nos reunimos y caminamos juntos para vivir la Semana Santa en una comunidad cristiana de aquella zona. En Braojos nos alojamos. Ahí oramos, comimos y reímos. Las celebraciones de Semana Santa, sin embargo, las vivimos en Serna del Monte, un poblado pequeño a unos dos kilómetro de Braojos. En Serna del Monte, la Señora Juana, sacristana del templo, nos acogió. En cuatro días, los contactos con las personas de ese pequeño pueblo se sucedieron de manera rápida y sencilla.

La idea de estos días era pasar tiempo a solas con Dios y ayudar a una comunidad cristiana a celebrar el triduo pascual. En Braojos, las mañanas las dedicábamos a orar y compartir entre nosotros. La mañana del jueves nos dejamos interpelar por el Jesús que está al servicio de los descalzos; el viernes tomamos conciencia de la violencia en nuestro mundo y de la posibilidad de ser bálsamo para los heridos alrededor nuestro y, el sábado, hemos vivido una mañana de silencio en la ermita del pueblo. Ahí, con viento frío, magníficas vista alrededor nuestro y con la paz habitual que se respira en el monte, pudimos ponernos en las manos de Dios, sabiendo que desde ellas podemos, cual trampolín, saltar en el bullicio de la vida diaria con la confianza de que Dios está siempre con nosotros. En resumen, tres mañanas que nos ayudaron a forjar aún más los lazos con Jesús y entre nosotros; tres mañanas que nos permitieron hacer nuestras las grandes fiestas que celebramos en la Semana Santa en Serna del Monte, pues, las tardes, en Serna del Monte, las dedicamos a encontrar a la gente de ese pueblo y preparar con ellos las celebraciones litúrgicas.

El momento cumbre fue la celebración de la Pascua, la celebración de la luz. Una ceremonia que los jóvenes del grupo prepararon con esmero y dedicación. En unas cuantas horas surgió un coro a seis voces…. J ; monaguillos, lectores y gente para la procesión de las ofrendas… un clima de alegría y participación animado por los jóvenes que querían compartir y celebrar su fe.

Con estos jóvenes, esta semana Santa fue un tiempo para misionar en una de las comunidades de la Sierra de Madrid; un tiempo para orar y dejarnos tocar por el Dios que nos acompaña siempre. Me ha admirado el deseo de los jóvenes por donar de su tiempo y por profundizar su fe. Y, en medio de los tiempos confusos que vivimos, es una alegría y bendición ser testigo de las velas encendidas en los corazones de jóvenes madrileños que comparten su fe y la luz que Dios ha encendido en ellos.

¡Felices Pascuas!

Un abrazo y mi oración,

Oscar Arturo

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