Semana Santa 2018

Al meditar los textos y la liturgia de la resurrección, he constatado lo mucho que uso mis propias “gafas” para leer la Biblia. Hemos asistido durante varias semanas a la campaña “#MeToo”; a las manifestaciones en España y en el mundo por la igualdad de la mujer; las acusaciones contra el Presidente Trump… Y por ello, casi espontáneamente, mi primer pensamiento sobre la resurrección ha sido que fue una mujer, María de Magdala, la primera en creer, y que fue enviada por Jesús para anunciarlo a los otros discípulos…

Con mis amigos (todos de una cierta edad) hablamos a veces de nuestras “últimas voluntades” (en la mía pido que me dejen morir en paz, evitando indebidamente prolongar mi vida). Nuestra ignorancia sobre el ‘más allá’ es raramente mencionada,pero está ahí, como telón de fondo de nuestra conversación, sobre todo ahora que la cremación se ha hecho habitual y que, en cualquier caso, no quisiéramos “resucitar con los cuerpos y almas” (según la expresión de los viejos catecismos de nuestra niñez) tal como están ahora. ¿El más allá? Para explicar ciertos fenómenos del universo, Stephen Hawking sugirió la existencia de varios universos (admito que he entendido muy poco) y dio mucha importancia a los agujeros negros. Ahora que acaba de morir ¡los científicos han descubierto una galaxia que no tiene un verdadero agujero negro! Todo esto me hecho pensar en Jesús cuando le dice a María, “Suéltame, que aún no estoy arriba con el Padre”, y a los discípulos que, al llegar a Emaús,“Se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció”. Cristo resucitado es a la vez “diferente” y “muy de aquí”. Sigue siendo “Dios con nosotros”, pero se ha convertido también en “Pionero del futuro”. ¿Y nosotros?

Tras atravesar la muerte, nuestro futuro será un regalo divino, algo totalmente distinto que ni siquiera podemos imaginar, mal pese a esas extrañas expresiones teológicas (por ejemplo “visión beatífica”) que sirven tan sólo para ocultar nuestra ignorancia. Pero es cierto que el universo, del que ahora formamos parte, nos acompañará y seguiremos siendo, como Jesús, “muy de aquí”. “La creación expectante desea vivamente la revelación de los hijos de Dios… con la esperanza de ser liberada, también ella, de la servidumbre de la corrupción”,escribe San Pablo. Seremos al mismo tiempo “diferentes” y “muy de aquí”. Incluso si no conseguimos entenderlo, y menos aún explicarlo, como nos gustaría. Porque se trata de una vivencia, Pablo y los evangelistas no han logrado explicarse, y tampoco nosotros.

Dicho esto, también los textos de esta Semana Santa colorean mis gafas, por mucho que me gustaría impedírselo. “Viendo cómo había expirado, el centurión exclamó: verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Jesús, lo mismo que nosotros, tiene primero que morir, morir completamente, hasta el punto de exclamar: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. El más allá es un regalo de Dios, y no hay nada ni nadie en quien apoyarnos para conseguirlo ahora. Morir es separarse de todo y de todos, incluso, y sobre todo, de uno mismo. Sólo permanece el amor de Dios, nuestra adhesión a él. Aunque visto desde nuestra realidad, parezca que Dios nos ha abandonado. Salvo que, en Jesús resucitado, tenemos la prueba de que Dios no nos abandona. Él nos ama, su amor no puede morir. Y nosotros, objeto de ese amor tampoco.

Feliz Pascua de Resurrección.

Ramón Echeverría, mafr

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