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Los mártires de Argelia, en ocasión del 150 aniversario de la fundación de los Padres Blancos
28 noviembre, 2018
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¡Que la celebración de su jubileo los ayude a convertirse en ‘nómadas del Evangelio’! – Francisco

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Les agradezco en particular el trabajo que han hecho ya en favor del diálogo con el Islam, con los hermanos y hermanas musulmanes.

Con el estilo y la simplicidad del su modo de vivir, manifiestan también la necesidad de cuidar nuestra casa común.

 

El papa Francisco recibió en la mañana del 8 de febrero en la sala Clementina del Palacio Apostólico a los Misioneros del África, Padres Blancos, y a las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora del África, Hermanas Blancas, con motivo de la celebración del 150º Aniversario de la fundación de la Sociedad de Misioneros y de la Congregación de las Hermanas. En el marco del 150º Aniversario de la fundación de la Sociedad de Misioneros del África y de la Congregación de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora del África, el papa Francisco recibió este 8 de febrero en una audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico a los Padres Blancos y a las Hermanas Blancas.

En su discurso, Francisco expresó su cordial saludo y cercanía espiritual a los presentes y a todos los miembros de los institutos presentes en África y en otras regiones del mundo. «Gracias por el servicio a la misión de la Iglesia, vivido con pasión y generosidad, en fidelidad a las intuiciones evangélicas de su fundador común, el Cardenal Lavigerie», manifestó.

«Durante los últimos tres años se han preparado para celebrar este jubileo. Como miembros de la gran ‘familia Lavigerie’, han regresado a sus raíces, han mirado su historia con gratitud, para poder vivir su compromiso actual con una pasión renovada por el Evangelio y ser sembradores de esperanza. Junto a ustedes doy gracias a Dios, no solo por los dones que ha concedido a la Iglesia a través de sus Institutos, sino también y sobre todo por la fidelidad de su amor, que celebran en este Jubileo», señaló el Santo Padre.

«¡Que este año jubilar fortalezca en ustedes la certeza de que ‘fiel es Dios, por quien han sido llamados a la comunión con su hijo Jesucristo, Señor nuestro’! ¡Que su consagración, su ministerio, puedan manifestarse concretamente en su vida fraterna y en sus diversos compromisos, la fidelidad del amor de Dios y su cercanía para sembrar la esperanza en los corazones de aquellos que están heridos, probados, desanimados y se sienten tan a menudo abandonados!», deseó.

«Cuando Monseñor Lavigerie, entonces arzobispo de Argel, fue guiado por el Espíritu para fundar la Sociedad de los Misioneros de África, y luego la Congregación de las Hermanas Misioneras, tenía en su corazón la pasión por el Evangelio y el deseo de anunciarlo a todos, convirtiéndose en ‘todo a todos’. Por esta razón, sus raíces están marcadas por la misión ad extra: está en su ADN», relató Francisco.

«Así, siguiendo las huellas del fundador, su primera preocupación, su santa inquietud, es ‘que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida’. Pero, a la luz del camino realizado hasta ahora a partir de su fundación, saben que el anuncio del Evangelio no es sinónimo de proselitismo; es esa dinámica que nos lleva a estar cerca de otros para compartir el don

recibido, el encuentro de amor que cambió su vida y los llevó a decidir consagrar la vida al Señor Jesús, Evangelio para la vida y la salvación del mundo», señaló.

«Siempre es por Él, con Él, y en Él, que se vive la misión. Por lo tanto, los aliento a mantener sus ojos fijos en Jesucristo, para no olvidar nunca que el verdadero misionero es ante todo un discípulo. Cultiven el vínculo particular que los une al Señor, mediante la escucha de su Palabra, la celebración de los Sacramentos y el servicio a los hermanos, para que sus acciones puedan manifestar su presencia, su amor misericordioso, su compasión por aquellos a quienes el Espíritu los envía y los conduce», animó.

«¡Que la celebración de su jubileo los ayude a convertirse en ‘nómadas del Evangelio’, hombres y mujeres que no temen ir a los desiertos de este mundo y buscar juntos los medios para acompañar a los hermanos al oasis que es el Señor, para que el agua viva de su amor apague cualquier sed suya!», deseó.

Finalmente, el Papa anheló que este Año Jubilar «contribuya también al desarrollo de los lazos fraternales entre ustedes, porque el anuncio del Evangelio no se puede vivir sino gracias a una auténtica comunión misionera».

«Con la fuerza del Espíritu Santo, sean testigos de la esperanza que no defrauda, a pesar de las dificultades. En fidelidad a sus raíces, no

tengan miedo de arriesgarse en los caminos de la misión, de ser ‘testigos de que Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras’. El Espíritu Santo haga de ustedes constructores de puentes entre los hombres. Qué allí donde el Señor los haya enviado, puedan contribuir a desarrollar una cultura de encuentro, estar al servicio de un diálogo que, respetando las diferencias, sepa enriquecerse con la diversidad de los demás», instó.

«Y les agradezco en particular el trabajo que han hecho ya en favor del diálogo con el Islam, con los hermanos y hermanas musulmanes. Con el estilo y la simplicidad del su modo de vivir, manifiestan también la necesidad de cuidar nuestra casa común, la tierra. Por último, siguiendo los pasos del cardenal Lavigerie, están llamados a sembrar esperanza, luchando contra todas las formas actuales de esclavitud; haciéndose cercanos a los pequeños y a los pobres, a aquellos que esperan, en las periferias de nuestra sociedad, ser reconocidos en su dignidad, ser acogidos, protegidos, levantados, acompañados, promovidos e integrados», añadió.

«Con esta esperanza, los encomiendo al Señor, por intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora de África. Les imparto la bendición apostólica así como a todos los miembros de sus comunidades, e invoco la bendición de Dios sobre aquellos cuya vida comparten, allí donde el Señor los ha enviado. Y por favor no se olviden de rezar por mí. Gracias», concluyó.

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