Volví a mi barrio de Yolo después de casi tres meses de vacaciones. El viaje se pasó bien y en el aeropuerto me esperaban mis compañeras para ayudarme a mover mis pesadas maletas.
A la puerta de casa, niños y jóvenes del barrio, futuros campeones del fútbol del mañana me acogen con jubilo, gritando “!ayei, ayei, mamá ayei nzala esili! es decir: ¡ ha vuelto, ha vuelto, mamá ha vuelto!
Esta acogida me hace sentirme a gusto, en casa. Con todo, no olvido mi “casa” de Segovia, Madrid, Logroño, donde mi familia y mis Hermanas me han acogido con cariño en este tiempo de vacaciones.
Mi pensamiento vuela y quisiera agradecer a los que con tanto cariño me han abierto sus puertas y escuchado.
Las hermanas de la comunidad siguen trabajando yo diría que sin descanso. Anna y Angela en el Centro de salud; donde una es administradora y la otra trabaja como comadrona. Se van a las siete de la mañana y vuelven a las cinco o las seis de la tarde cansadas durante todos los días de la semana, incluidos los domingos pero felices de haber curado y aliviado a cientos de personas, ayudado a venir al mundo a muchos niños.
Pilar sigue trabajando con las niñas y jovencitas de la calle. Los motivos por los que están en la calle son varios. Los más importantes: la miseria y las creencias, muchos están acusados de ser brujos. Con otras personas, Pilar da vida al Centro. Esta inventando toda clase de cosas para que las niñas y jóvenes tomen gusto al trabajo. Nos llega todos los días agotada pues tiene además que enfrentarse al transporte que no es jauja, furgonetas de miseria por carreteras llenas de baches pegaditos como sardinas. Las que saben mucho de esto son nuestras jóvenes estudiantes que para llegar al centro de estudios en la estación de lluvias pasan hasta “lagos”. A Dios gracias que el ayudante del conductor se atreve a todo y cuando la furgoneta se queda en el fango coge a los pasajeros en sus hombros y los pasa al otro lado.
Las aspirantes hacen progresos en todos los aspectos de su formación. La hermana Gisèle se da en cuerpo y alma para que estas jóvenes vayan hacia delante.
Las jóvenes del centro de Formación y Promoción Femenina, me esperaban, Nos hemos abrazado y llorado pues en mi ausencia se fue al cielo con 52 años uno de los alfabetizadores, mi brazo derecho, pues contaba con él para todo. Tenía un gran cariño a las jóvenes y adultos que no sabían leer y escribir. Daba su vida por ellos.
Nuestra parroquia que es muy grande, tiene 19 Comunidades eclesiales de Base. Nosotras pertenecemos a unas de ellas. El jueves nos encontraremos.
En lo que concierne a los conflictos y luchas, la paz tarda en establecerse, la gente sigue sufriendo y el país empobreciéndose a causa de los que saquean las riquezas del país.
Que el Señor nos dé su Paz.
Conchita González
Hna. Misionera de Africa.