Tanger

"Y BESASTE MIS MANOS…"


Muy pocos kilómetros nos separaban de nuestro encuentro y tal vez mil razones nos esperaban para tener certeza de nuestras existencias. Yo te soñaba como el más bello de mis sueños y tú aguardabas paciente que mis pasos me llevaran hacia ti. ¿Cuántas veces te asomaste a tu mar para verme llegar? No sé, pero siempre tuve guardada una sonrisa para regalarte.

Y te confieso que sentí miedo de quererte, quizás porque mi corazón jamás había intuido un amor como el tuyo, tan diferente, tan distinto, tan profundo. Y ahora tú mejor que nadie sabes, que no dejo de pensar en ti, que recuerdo cada segundo de esos días en los que me abrazaste con tanta fuerza que con sólo cerrar mis ojos, vuelvo a escuchar los latidos acompasados de tu corazón.

No, no estoy loca si te digo que cuando besaste mis manos, transformaste de raíz mi vida porque tus manos se han convertido en santuario de mi razón y razón de mi felicidad desde ese inesperado momento. La paz que tanto había buscado, me fue otorgada en la sencillez de un beso - caudal de vida - que me hizo morir y resucitar.

Y en esta carta abierta en la que intento derramar esas palabras que luchan por salir a borbotones y que no saben cómo ordenarse para describir lo que el alma gustó con los sentidos, quisiera gritar nombres, recrear lugares, atrapar momentos que han quedado grabados para siempre en mi memoria, en la retina de mis ojos y en las palmas de mis manos, para de esta manera seguir soñando un nuevo encuentro contigo.

Pero de una larga lista de nombres, mis labios agradecidos sólo saben pronunciar uno: Dios. Todos los lugares en los que dejé algo de mí y me llevé mucho de ellos, se resumen en un todo: Marruecos. Y de tantos momentos vividos, en uno solo se contiene la esencia de toda mi verdad: el encuentro conmigo misma.

Aún no acierto a entender cómo en tres semanas el corazón puede ser testigo de un torbellino de sensaciones que irrumpen tan deprisa en tu existir, dejándote muda de palabras y a rebosar el alma. Y es que el suceder vertiginoso de esos días actúa como el oleaje en la roca, golpeando constante y delicadamente la dura piedra de lo que de verdad somos, abriéndonos los ojos de par en par y llenándonos los bolsillos a veces gastados de nuestras vidas, con una cultura de inmensas riquezas ocultas a las simples miradas, con un país envuelto en colores cálidos y en olores intensos e inenarrables, con un continente que lucha y persevera en su ser más profundo.

Con sólo pisar el barco, mis pies ya intuyeron que recorrerían calles repletas de gentes a quienes sonreiría a mi regreso de Cruz Blanca, porque en mis labios se había quedado prendida la inmensa alegría de recibir el "ciento por uno" de once maravillosos chavales que me enseñaron el valor de una caricia, la inmensidad de una mirada, a no medir el tiempo en horas sino en sonrisas, a escuchar el profundo hablar de Dios en el silencio.

Y es que mi corazón enseguida tuvo la certeza de haber encontrado a los mejores compañeros de camino con los que vivir y compartir esta inolvidable experiencia. Con nuestras charlas, risas, opiniones, quejas, lágrimas, ilusiones, confidencias… fuimos construyendo un grupo que hizo realidad el "todos sean uno" del Evangelio.

En el trabajo compartido en las Hijas de la Caridad, en el Centro de Reinserción (reformatorio) y en la Cruz Blanca; en la oración que nos acompañaba y alentaba en el nacer y morir de cada día; en las horas de descanso a los pies de la escalinata de casa Riera merendando chocolate marca "Maruja"; en los momentos duros en los que el corazón se dolía de tanto sentir, al mirar los ojos tristes de unos niños que viven en la calle o al escuchar la crudeza del testimonio de quien pone toda su ilusión en cruzar hasta España y fracasa tras trece intentos; en las veladas de la azotea en plena noche, a la luz de la hermosa y envolvente luna tangerina con la magia de las cartas; en las excursiones en la "fragoneta del papa" hacia las grutas de Hércules y Asilah para contemplar el más bello y sobrecogedor atardecer; en las Eucaristías celebradas en la intimidad de una pequeña habitación o en la sencilla Catedral de vidrieras con ángeles y vividas con una alegría desbordante… En tantos y tantos momentos, fuimos como un solo cuerpo que necesitaba de todos y cada uno de sus miembros para ser en plenitud. Una gran familia de muchos hermanos llegados desde distintos sitios de España y de Polonia, porque ¡qué hubiese sido del grupo sin Werónica, nuestra querida polaca…!

Comencé estas torpes palabras derramadas en el corazón, con una declaración de amor hacia esa tierra tan desconocida para mí hace unos meses y tan mía al día de hoy, porque no puedo acallar esta sensación que como fuego, me abrasa en mi interior. ¡Cuántas pequeñas cosas han cambiado en mí desde que paseé esa noche por tu playa y pude contemplar cómo la más hermosa de las estrellas se asomaba a tu mar, para verse reflejada en el agua! Dios me habló a través de ti con palabras nuevas que nunca antes había escuchado, que me acompañan cada día en mi caminar y que me ayudan a no olvidarte. ¿Cómo podría olvidar tu dulce voz, no era acaso la voz delicada de Dios?

"Fui extranjera y me acogiste" y yo quise amarte por lo que eras, dejando atrás esquemas y prejuicios, ideas preconcebidas y tópicos, porque al conocerte pude comprobar que eres una tierra amable y de inmensa calidez, cautivadora y misteriosa, llena de la sonoridad alegre de sus calles y de sus gentes y de un olor embriagador que te atrapa el alma y los sentidos. Una tierra que dibuja de belleza tus ojos en cualquier atardecer y en la que es posible soñar despiertos.

Y es que desde que te dije un "¡hasta pronto!" en el barco de regreso, yo sueño y sueño con volver a recorrer de nuevo tus calles bulliciosas de gentes; con volver a dar por unas horas un poco de ilusión y esperanza a unos niños que nada saben de ellas; con volver a sentir el maravilloso placer de saborear un té en la calma de la caída de la tarde. Y no dejo de soñar y soñar con besar tus manos viejas de anciana, para sentirme una vez más redimida por Ti, mi Dios.


Lucía Jiménez Fernández

UN TESTIMONIO DE MARIA VAZQUEZ .

Hoy, a dos meses de haber vuelto de África, me pide la hermana Julia que le escriba un poco sobre mi experiencia en Ghana y Burkina Faso.
No puedo evitar que se me ponga la sonrisa tonta de cuando te acuerdas de algo que te ha pasado y que ha sido divertido, o interesante, o emocionante. Pues imaginaos la cara que puedo tener con todos estos factores multiplicados por cien. Son tantas las cosas que me vienen a la cabeza; imágenes, experiencias, risas, sorpresas, sonidos, sentimientos. En fin, me dejo ya de historias, y empiezo por el principio.
El 12 de Julio partí rumbo a Burkina Faso con una ilusión que no me cabía en el pecho (Pueden dar fe de ello mi familia y amigos, a los que llevo bombardeando desde hace años con mi sueño de conocer África). En fin, sigo en el 12 de Julio, el viaje original, planeado como Madrid- Casablanca-Ouagagudu, por unos problemillas técnicos se alargó un par de días, dándome así la oportunidad de pasar un día en Casablanca, una noche en Dakar y un par de horas en Bamako.
Por fin llegué a Burkina, y allí estaba Carmen, con su gran sonrisa, que vino a recogerme, me dio un abrazo y en medio minuto me hizo sentir en casa (sin el como). Ella me adoptó desde mi llegada, y me llevó a conocer a sus viejecitas, ya que Carmen es la coordinadora de un centro que acoge ancianas que han sido expulsadas de su pueblo acusadas de brujería. Parece ser que la brujería es una tradición muy arraigada en el mundo africano.
Mi primera visión de África fue el mercado, al que me llevó otra de las hermanas, Cristiana, en moto, el medio de transporte más utilizado en Ouaga. Era increíble ver a los buitres en los arboles, como si fueran palomas. Allí me enfrenté con la realidad, aún estando en temporada de lluvias, la comida no era abundante, pero las moscas sí.
Después de arreglar mi visado para cruzar a Ghana, como guinda de mi corta estancia en Burkina, Carmen y Madelaine me llevaron a una misa de votos perpetuos. Duró cuatro horas, pero a mí me parecieron minutos: los ritmos africanos, los bailes, la alegría, en fin, que estaba alucinando.
Y empezó mi camino hacia Ghana. Carmen me dejó montada en el autobús, con instrucciones precisas al chofer de asegurarse que me bajara en mi destino, Tamale, el pueblo donde me recogían las hermanas de Gumo, el poblado al que me dirigía. Una vista preciosa, un poquillo de lluvia, y de repente, el autobus empezó a ir mas despacio, mas despacio y se paró. Yo que no me enteraba de nada, porque no sé francés, estuve un par de horas sentada allí, hasta que de repente llega otro autobús, mi compañero de asiento tira de mí, me saca del autobús estropeado y nos montamos en el otro. Yo solo tenía una obsesión: ¡mis maletas! Iba cargada de material escolar que tanta gente me había dado con todo su cariño para llevar a los niños africanos. Las tuve que dejar atrás, y el nuevo autobús nos llevó a la frontera, allí nos bajaron y nos quedamos esperando a que llegara alguien por nosotros. Las doce, la una, las dos y allí no pasaba nada, ya hicimos grupillo los que estabamos esperando al autobús, por señas, y uno de ellos que hablaba algo de ingles. Me sorprendía la naturalidad con que todos se lo tomaban, la única indignada era yo, ellos se reían y punto. De repente, a eso de las seis, me dicen que la frontera estaba cerrada y que teníamos que pasar allí la noche, yo estaba a cuadros, ¿pero aquí donde? Les preguntaba yo, en fin que colocamos cuatro bancos y nos dispusimos a pasar la noche. Como os imagináis, yo sin maleta, ni chaquetón, ni nada. Pues, de repente uno de ellos buscó una silla, la única silla, para mí, y otro sacó una manta, también para mí, en tres palabras, como una reina. Increíble. Al día siguiente llegó al autobús, y por fin llegue a Tamale, y allí estaba plantada Prosperine, que llevaba dos horas esperándome, porque le daba miedo que se me pasara la parada. Dice que si primera imagen de mí es la obsesión por las maletas, jaja.
Me llevo a casa, me preparo una tortilla y me presento a todas las hermanas, Justina, nuestra princesita, Maggie, la viajera, Veronica, la aspirante a hermana, July, la dulzura personificada. Creo que desde el primer momento hubo conexión con ellas, me empece a reír y a pasármelo pipa, y que duró hasta el día en que me fui.
Al dia siguiente empezaron las clases a los niños del pueblo, qué listos y qué malos, como todos los niños de seis años, en la clase, indomables, pero cuando estabamos en el recreo jugábamos a las palmas, y les enseñé canciones, creo que el "paraparapa" se ha hecho famoso en el pueblo, jaja.
Esa primera semana también conocí a las hermanas de Tamale, las tres encantadoras, a las que vi en diversas ocasiones también. Una vez los niños terminaron la escuela, Prosperine me ofreció estar con ella en la preparación de los jóvenes que iban a Alemania a ver al Papa, así que estuve de ayuda logística con los dos grupos a los que ella y Elizabeth (una de las hermanas de Tamale) prepararon. Fue muy bonito, la meditación por la mañana, las oraciones de Taize, los juegos y las dinámicas.
Mi siguiente visita fue la clinica del doctor David, conocido como la madre Teresa de Africa, donde estuve mis tres ultimas semanas. Como los hospitales son privados, es decir hay que pagar cada vez que te pones enfermo, el doctor David, junto con su esposa, ha creado dos clínicas con personal voluntario, donde atienden a todas aquellas personas que no pueden permitirse ir al hospital. El proceso es el siguiente, el paciente acude a pedir cita el día anterior, para que le den un numero tiene que prestar un servicio: limpiar la clínica, recoger maíz, sembrar, etc. Una vez el trabajo está terminado, se les da numero y vuelven al día siguiente a que los atiendas. Se van colocando con su numero, y antes de entrar en la consulta se les toma la tensión y el pulso. Entran en la consulta, el señor Magi los examina y les receta las medicinas, van a la farmacia, y allí se les dan las medicinas contadas y metidas en uso sobrecitos de papel, doce aspirinas, quince paracetamol, lo que sea que se les ha recetado. El doctor David y su esposa también se encargan de alimentar a los indigentes del pueblo, mas de cien personas. Por la mañana en su propia casa se cocina la olla más grande que yo he visto en mi vida y se va metiendo la comida y el agua en bolsitas de plástico. Todos los voluntarios comen esa misma comida, que por cierto esta buenisima. Con una furgoneta se va a cada sitio donde hay un indigente y se le va repartiendo la comida y el agua, uno a uno. Increíble.
También tuve la suerte de conocer el orfanato y pasar algunas tardes con los chiquitillos, que son para comérselos. Nos os podéis imaginar las competiciones para que los cojas en brazos, les des un beso, me los hubiera traido a todos en la maleta, de verdad. Estos niños tienen papás, pero no mamás, ya que muchas mujeres mueren al dar a luz, sobre todo de gemelos. Sus padres los visitan regularmente, y en cuanto pueden se hacen cargo de ellos.
Y se acabó mi estancia en Ghana, tuve que volver a Burkina en circunstancias muy tristes, ya que habia fallecido una hemana, la hermana Jeanette, aun así me sentí muy acogida por todas las hermanas, que estan hechas de una pasta especial, me dio mucha alegría reencontrarme con Carmen, Cristiana, conocer a Marga y a un largo etc. de hermanas.
Me dejo muchas cosas en el tintero, la convivencia con las hermanas en Gumo, la vida en la casa, tan divertida y dinamica, la llegada de Bea con las tres aprendices de ingles, Anastasia, Germaine y Apoline, a las que di alguna que otra clase y con las que tanto me he reído, mis tardes con la princesa Justina, mis visitas al pueblo con Properine, la reina del mercado, las idas y venidas de la viajera Maggie, los atardeceres de película, las estrellas, los pájaros de colores, y por qué no, los insectos, que tanto horror me daban al principio, y a los que termine medio acostumbrándome, jaja.
En fin, que podría escribir un libro si tuviera espacio, simplemente deciros que ha sido una experiencia preciosa, que he aprendido mucho, que he visto muchas cosas, que me he sorprendido mucho, me he reido mucho, y que muchas gracias a todos los que me habeis ayudado a vivir este sueño, que espero repetir muy pronto.