Seatle, jefe de la tribu Suwamish,
hoy Estado de Washington, al noreste de los Estados Unidos se dirigió
al Presidente Franklin Pierce en el año 1854, en respuesta
al ofrecimiento que éste último le hacía de
comprar una gran extensión de territorio indio a cambio de
una "reserva segura" para su pueblo. La respuesta de Seatle
nos recuerda la mentalidad sagrada de muchos pueblos de África
para quienes el cosmos, el cielo, la tierra, el río y el
bosque tienen vida y son algo más que lo que aparentan a
primera vista. A todos los seres de la creación nos unen
lazos invisibles de familia. Recibimos la vida como un don de Dios
y de los antepasados y, como tal, debemos vivirla con gratitud y
ofrecerla con respeto a las generaciones futuras.
El año 2003 estará
dedicado al tema del agua potable. Acaso la conexión de este
texto con el tema de justicia y paz que nos preocupa parezca lejana.
Además, probablemente, la carta os resultará harto
conocida a muchos de vosotros. Personalmente me ha gustado referirme
a esta carta, como quien vuelve a un grato recuerdo:
Agustín Arteche Gorostegui. M.Afr.
CARTA DEL CACIQUE SEATLE
¿Cómo puede Ud. comprar
o vender el cielo, o el calor de la tierra? La idea resulta extraña
para nosotros. Si no nos pertenecen la frescura ni el destello del
agua ¿cómo nos lo podrían comprar ustedes?
Cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo:
El majestuoso pino, la arenosa ribera, la bruma de los bosques,
cada insecto que nace con su zumbido, es sagrado en la memoria y
en la experiencia de mi pueblo. La savia que recorre los árboles
lleva los recuerdos del piel roja.
Los muertos del hombre blanco se
olvidan de su tierra natal cuando se van a pasar entre las estrellas.
Nuestros muertos jamás se olvidan de esta hermosa tierra,
porque es ella la madre del piel roja. Somos parte de la tierra,
y ella es parte nuestra. Las perfumadas flores son nuestras hermanas.
El ciervo, el caballo, el águila majestuosa, las rocosas
cumbres, el olor de las praderas, el calor corporal del potrillo
son nuestros hermanos.
Por ello cuando el gran jefe de
Washington nos manda decir que desea comprar nuestra tierra es mucho
lo que está pidiendo de nosotros. El agua centelleante que
corre por los arroyos y los ríos no es agua solamente, es
sangre de nuestros antepasados. Si nosotros les vendemos la tierra,
ustedes deberán recordar que es sagrada y deberán
enseñar a sus hijos que es sagrada, y que cada imagen que
se refleja en el agua cristalina de los lagos habla de acontecimientos
y recuerdos de la vida de nuestro pueblo. El murmullo del agua es
la voz del padre de mi padre.
Sabemos que el blanco no entiende
nuestra manera de ser. Para él un pedazo de tierra es igual
que el siguiente. Él es como un extraño que llega
durante la noche y arranca de la tierra lo que necesita y se va.
No mira a la tierra como su hermana, sino como enemiga. Y cuando
la ha conquistado la abandona y se marcha a otra parte. Deja atrás
las tumbas de sus padres, y no le importa. Viola la tierra de sus
hijos, y no le importa. Olvida la tumba de su padre y los derechos
de sus hijos. Trata a su madre la tierra y a su hermano el cielo
como cosas que pueden comprarse, saquearse, ser vendidas, como carneros
o relucientes abalorios. Su apetito devorará la tierra, pero
detrás sólo quedará un desierto.
No sé. Nuestras costumbres
son diferentes a las de ustedes. La imagen de sus ciudades hiere
la mirada del piel roja. Pero posiblemente es porque el piel roja
es salvaje y no entiende.
No hay tranquilidad en las ciudades
del blanco. No hay en ella lugar donde se pueda escuchar el rumor
de las hojas en primavera, o el susurro de las alas de un insecto.
Pero quizás digo esto porque soy salvaje y no entiendo. En
sus ciudades el ruido sólo insulta a los oídos. ¿Cómo
sería la vida si el hombre no pudiera escuchar el grito solitario
de la chotacabra o la animada conversación nocturna de los
sapos en las ciénagas?
El indio ama el sonido suave de
la brisa al deslizarse delicadamente sobre la superficie de la laguna,
o ese olor característico del viento purificado por la llovizna
mañanera y perfumado por la esencia de los pinos.
El aire es precioso para el piel
roja, porque todas las cosas comparten el mismo aliento. La bestia,
el árbol, el hombre, todos compartimos el mismo hálito.
El hombre blanco parece no darse cuenta de que respira el aire.
Como un ser que agoniza largamente, es insensible al mal olor. Pero
si nosotros les vendemos nuestra tierra, ustedes deberán
recordar que el aire es precioso para nosotros. Que el aire comparte
su espíritu con toda la vida que él sustenta.
El aire que permitió su primer
aliento a nuestro abuelo, también recibe su último
suspiro. Y si nosotros les vendemos nuestra tierra, ustedes deberán
mantenerla intacta y sagrada, como un lugar a donde incluso el hombre
blanco pueda ir a saborear el viento purificado por el perfume de
las flores.
Yo soy un salvaje y no entiendo
otra forma de pensar. He visto miles de búfalos pudriéndose
en la pradera, abandonados por los blancos después de balearlos
desde un tren en marcha. Yo soy un salvaje y no entiendo cómo
el humeante caballo de hierro puede ser más importante que
el búfalo, al que nosotros sacrificamos sólo cuando
lo necesitamos para subsistir. ¿Qué es el hombre sin
las bestias? Si todas ellas desparecieran, el hombre moriría
de una gran soledad de espíritu. Porque cualquier cosa que
les ocurre a las bestias enseguida repercute en el hombre. Todos
los seres estamos mutuamente vinculados.
Nosotros sabemos algo que el hombre
blanco descubrirá algún día: que nuestro Dios
el mismo Dios. Ustedes piensan ahora que él es su propiedad,
de la misma forma que desean ser propietarios de nuestra tierra.
Pero no puede ser. Él es Dios de todos los seres humanos,
y su compasión es la misma tanto para el piel roja como para
el blanco.
La tierra es preciosa para Él,
y hacer daño a la tierra es hacer un enorme desprecio para
el Creador. Los blancos también desaparecerán. Tal
vez antes que las demás tribus. Ensucia tu propia cama y
cualquier noche te verás sofocado por tus propios excrementos.
Para arraigar aún más
nuestro compromiso misionero con África.
1. Recoge las frases que más
te han llamado la atención y saca algunas conclusiones en
referencia al tema de salvaguarda del medio ambiente.
2. Analiza tu comportamiento a la hora de hacer uso de las energías
a tu disposición: ¿qué haces por tu parte para
reducir el consumo de la electricidad, el agua, el coche, o la eliminación
de los desechos caseros?
3. Comparte tus ideas y toma decisiones concretas.
4. ¿Sabes cuál era la actitud de Jesús con
respecto a la creación y a la vida?
5. La distribución del agua puede convertirse en motivo de
conflicto entre las naciones: ¿cuáles son los criterios
éticos que deberían orientar esta materia entre las
naciones?
6. Recupera el tema del agua de este año para tu oración
personal y comunitaria
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