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Gupo de trabajo
Espiritualidad para el Compromiso

COMISIÓN JUSTICIA, PAZ E INTEGRIDAD DE LA CREACIÓN

Misioneros de África Nº 31 Enero 2003

 


Seatle, jefe de la tribu Suwamish, hoy Estado de Washington, al noreste de los Estados Unidos se dirigió al Presidente Franklin Pierce en el año 1854, en respuesta al ofrecimiento que éste último le hacía de comprar una gran extensión de territorio indio a cambio de una "reserva segura" para su pueblo. La respuesta de Seatle nos recuerda la mentalidad sagrada de muchos pueblos de África para quienes el cosmos, el cielo, la tierra, el río y el bosque tienen vida y son algo más que lo que aparentan a primera vista. A todos los seres de la creación nos unen lazos invisibles de familia. Recibimos la vida como un don de Dios y de los antepasados y, como tal, debemos vivirla con gratitud y ofrecerla con respeto a las generaciones futuras.

El año 2003 estará dedicado al tema del agua potable. Acaso la conexión de este texto con el tema de justicia y paz que nos preocupa parezca lejana. Además, probablemente, la carta os resultará harto conocida a muchos de vosotros. Personalmente me ha gustado referirme a esta carta, como quien vuelve a un grato recuerdo:


Agustín Arteche Gorostegui. M.Afr.


CARTA DEL CACIQUE SEATLE



¿Cómo puede Ud. comprar o vender el cielo, o el calor de la tierra? La idea resulta extraña para nosotros. Si no nos pertenecen la frescura ni el destello del agua ¿cómo nos lo podrían comprar ustedes?
Cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo: El majestuoso pino, la arenosa ribera, la bruma de los bosques, cada insecto que nace con su zumbido, es sagrado en la memoria y en la experiencia de mi pueblo. La savia que recorre los árboles lleva los recuerdos del piel roja.

Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a pasar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta hermosa tierra, porque es ella la madre del piel roja. Somos parte de la tierra, y ella es parte nuestra. Las perfumadas flores son nuestras hermanas. El ciervo, el caballo, el águila majestuosa, las rocosas cumbres, el olor de las praderas, el calor corporal del potrillo son nuestros hermanos.

Por ello cuando el gran jefe de Washington nos manda decir que desea comprar nuestra tierra es mucho lo que está pidiendo de nosotros. El agua centelleante que corre por los arroyos y los ríos no es agua solamente, es sangre de nuestros antepasados. Si nosotros les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que es sagrada y deberán enseñar a sus hijos que es sagrada, y que cada imagen que se refleja en el agua cristalina de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de nuestro pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Sabemos que el blanco no entiende nuestra manera de ser. Para él un pedazo de tierra es igual que el siguiente. Él es como un extraño que llega durante la noche y arranca de la tierra lo que necesita y se va. No mira a la tierra como su hermana, sino como enemiga. Y cuando la ha conquistado la abandona y se marcha a otra parte. Deja atrás las tumbas de sus padres, y no le importa. Viola la tierra de sus hijos, y no le importa. Olvida la tumba de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre la tierra y a su hermano el cielo como cosas que pueden comprarse, saquearse, ser vendidas, como carneros o relucientes abalorios. Su apetito devorará la tierra, pero detrás sólo quedará un desierto.

No sé. Nuestras costumbres son diferentes a las de ustedes. La imagen de sus ciudades hiere la mirada del piel roja. Pero posiblemente es porque el piel roja es salvaje y no entiende.

No hay tranquilidad en las ciudades del blanco. No hay en ella lugar donde se pueda escuchar el rumor de las hojas en primavera, o el susurro de las alas de un insecto. Pero quizás digo esto porque soy salvaje y no entiendo. En sus ciudades el ruido sólo insulta a los oídos. ¿Cómo sería la vida si el hombre no pudiera escuchar el grito solitario de la chotacabra o la animada conversación nocturna de los sapos en las ciénagas?

El indio ama el sonido suave de la brisa al deslizarse delicadamente sobre la superficie de la laguna, o ese olor característico del viento purificado por la llovizna mañanera y perfumado por la esencia de los pinos.

El aire es precioso para el piel roja, porque todas las cosas comparten el mismo aliento. La bestia, el árbol, el hombre, todos compartimos el mismo hálito. El hombre blanco parece no darse cuenta de que respira el aire. Como un ser que agoniza largamente, es insensible al mal olor. Pero si nosotros les vendemos nuestra tierra, ustedes deberán recordar que el aire es precioso para nosotros. Que el aire comparte su espíritu con toda la vida que él sustenta.

El aire que permitió su primer aliento a nuestro abuelo, también recibe su último suspiro. Y si nosotros les vendemos nuestra tierra, ustedes deberán mantenerla intacta y sagrada, como un lugar a donde incluso el hombre blanco pueda ir a saborear el viento purificado por el perfume de las flores.

Yo soy un salvaje y no entiendo otra forma de pensar. He visto miles de búfalos pudriéndose en la pradera, abandonados por los blancos después de balearlos desde un tren en marcha. Yo soy un salvaje y no entiendo cómo el humeante caballo de hierro puede ser más importante que el búfalo, al que nosotros sacrificamos sólo cuando lo necesitamos para subsistir. ¿Qué es el hombre sin las bestias? Si todas ellas desparecieran, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque cualquier cosa que les ocurre a las bestias enseguida repercute en el hombre. Todos los seres estamos mutuamente vinculados.

Nosotros sabemos algo que el hombre blanco descubrirá algún día: que nuestro Dios el mismo Dios. Ustedes piensan ahora que él es su propiedad, de la misma forma que desean ser propietarios de nuestra tierra. Pero no puede ser. Él es Dios de todos los seres humanos, y su compasión es la misma tanto para el piel roja como para el blanco.

La tierra es preciosa para Él, y hacer daño a la tierra es hacer un enorme desprecio para el Creador. Los blancos también desaparecerán. Tal vez antes que las demás tribus. Ensucia tu propia cama y cualquier noche te verás sofocado por tus propios excrementos.

Para arraigar aún más nuestro compromiso misionero con África.

1. Recoge las frases que más te han llamado la atención y saca algunas conclusiones en referencia al tema de salvaguarda del medio ambiente.
2. Analiza tu comportamiento a la hora de hacer uso de las energías a tu disposición: ¿qué haces por tu parte para reducir el consumo de la electricidad, el agua, el coche, o la eliminación de los desechos caseros?
3. Comparte tus ideas y toma decisiones concretas.
4. ¿Sabes cuál era la actitud de Jesús con respecto a la creación y a la vida?
5. La distribución del agua puede convertirse en motivo de conflicto entre las naciones: ¿cuáles son los criterios éticos que deberían orientar esta materia entre las naciones?
6. Recupera el tema del agua de este año para tu oración personal y comunitaria…