LA MERCANTILIZACIÓN DE LOS POBRES
ANA MARÍA RIVAS

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Antropóloga Social Univ. Complutense de Madrid
(Acción Cultural Cristiana)

Texto de la conferencia pronunciada en las Jornadas del Dept. CONFER-MISIONES (27-29 Oct. 2000).
Hemos publicado una versión resumida en el nº 106 de nuestra revista AFRICANA, que puedes recibir gratis con sólo enviarnos tu dirección.

En el mes de diciembre de 1999, hace un año aproximadamente, leía en un periódico regional de España una pequeña nota de prensa, en la que la directora del Programa Mundial de Alimentos de la ONU reconocía la incapacidad de este organismo internacional para solventar "la inseguridad alimentaria" en los años venideros, o lo que es lo mismo, pero sin eufemismos, a los que tan aficionados son los representantes de la ONU, confesaba un aumento del hambre en el mundo, lo que quería decir que entre 800 y 900 millones de seres humanos (aproximadamente el 20% de la población mundial) estaban condenados a morir.

En los días siguientes a la lectura de esta noticia, estuve atenta a los medios de comunicación para ver si se hacían eco de alguna reacción de tipo social o político ante tamaña barbaridad. Mi espera fue en vano: una noticia de estas dimensiones, no provocó ni la dimisión de la directora del Programa Mundial de Alimentos, ni una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, ni la denuncia ante el Tribunal Internacional de la Haya ni ante la Comisión de Derechos Humanos de la Unión Europea, ni manifestaciones en las calles, ni convulsiones en los mercados bursátiles, ni crisis políticas y menos económicas... por lo que se ve, la muerte de 800 ó 900 millones de personas no es motivo "suficiente" ni "comparable" al descenso en la liga de fútbol del club favorito, al abandono de alguno de los concursantes del Gran Hermano o El Bus, a la pérdida de beneficios del capital financiero o a la pérdida de influencia estratégica de las grandes potencias, total, los candidatos a morir ni cotizan en bolsa, ni participan en la liga de fútbol, ni invierten en fondos de pensiones, ni votan en los organismos falsamente llamados "internacionales".

Pero aún hay más, en el Informe sobre el Desarrollo Humano de Naciones Unidas correspondiente al año 1999, aparecen de nuevo cifras escalofriantes que todos conocemos pero de las que quiero destacar éstas: "los bienes de las tres personas más ricas del planeta son superiores al PIB de los 48 países más pobres"(ibid. P.37); "las 200 personas más ricas poseen más bienes que el 41% de la Humanidad" (ibid. P. 38); "en 1994, este selecto club de ultra-ricos, acaparaba 440.000 millones de dólares (unos 69,753 billones de pesetas, casi dos veces el presupuesto del estado español ); en 1998, cuatro años después, la astronómica cifra ¡ascendió hasta 1, 042 billones de dólares! (165, 188 billones de pesetas, casi cinco veces los presupuestos del estado español para el mismo año y cinco veces la deuda externa de los 41 países más pobres del mundo -unos 34 billones de ptas.). Lo que supone que fueron ingresando del orden de 5000 dólares por segundo: unos 68.484 millones de pesetas al día" (ibid. p. 38).

Pues bien, de nuevo, presté atención a los medios de comunicación, a la bolsa, a los organismos internacionales, a las reuniones de ministros, sesiones del congreso, etc. Y aquí no ha pasado nada.

Esta falta de reacción, de respuesta ante el escándalo de estas cifras, contrasta con el aumento de la supuesta "sensibilidad" que algunos quieren ver en el incremento de anuncios publicitarios de ONGs, campañas de solidaridad, macroconciertos, concursos, recogidas de firmas, subastas, maratones, recogidas de alimentos, juguetes, ropas, suscripciones para apadrinamientos de niños del Tercer Mundo, para la creación de hospitales, escuelas, etc. Campañas patrocinadas cada vez más por firmas comerciales de multinacionales (Fortuna, Pepsi, Ericsson, Levi-Strauss), grandes empresas (Hiberdrola, Telefónica, Cepsa), superficies comerciales (Continente, El Corte Inglés, Alcampo, Pryca, Eroski, Ikea), compañías aéreas (Swissair, Iberia), bancos y entidades financieras (BSCH, Barclays Bank), compañías privadas de seguros (Regal Insurance Club), compañías privadas médicas (ASISA), empresas de mensajería urgente (MRW), agencias de viajes (Viajes Barceló), centros privados de enseñanaza (Wall Street Institute), editoriales (Ed. Bruño) y todo tipo de empresas. Fenómeno que recibe el nombre de "marketing con causa" o "publicidad solidaria". He aquí unos ejemplos:

"Ven a Wall Street Institute en diciembre y colabora en el proyecto 12 escuelas para la India. Ahora si aprendes inglés en Wall Street Institute, ayudarás a miles de niños hindúes a recibir una educación digna y a tener una vida mejor. Porque si te matriculas este mes, destinaremos parte de tu dinero a un proyecto muy especial: la construcción de 12 escuelas en la India. Proyecto financiado por Wall Street Institute. ¿Por qué esperar a enero? Visita tu centro Wall Street Institute más cercano y colabora: Harás mucho por ti. Harás mucho por ellos"; "Ahora con Fortuna puedes dar el 0´7% a una ONG"; "Puedes pensar que esto (un bote de Pepsi) es el uso mercantilista de una ONG o también que con ello colaboras a la construcción de un hospital..."; "Con la tarjeta Voluntarios de Hispamer Mastercard, cada compra que realice será un donativo para el Tercer Mundo. Sin incremento de gastos, sólo comprando. Desde ahora comprar es solidario..." Y no se me olvida un anuncio publicitario radiofónico durante el conflicto bélico de Kósovo que decía así: "Atención, atención, una bomba va a caer en el Centro Comercial de Majadahonda. Atención, atención, el 20% de las ventas del día 21 de mayo será destinado a los refugiados de Kosovo" y mientras tanto, se oía como música de fondo sirenas anunciando los bombardeos, creo que por menos hay gente en la cárcel...

A esto hay que añadir que todo donativo que se solicita se ha de ingresar en las cuentas bancarias que la mayoría de las organizaciones tienen abiertas en los principales bancos que operan en el mercado nacional e internacional; rara es la entidad bancaria que no participa en la recaudación de las aportaciones periódicas o extraordinarias de los ciudadanos, con motivo de las hambrunas, guerras, atención a refugiados, catástrofes, etc., solicitadas por las casi 200.000 organizaciones no gubernamentales que hay en España.

¿Qué relación hay entre todos estos hechos? ¿Cuáles son las intenciones de tanto ejercicio de generosidad y solidaridad por el que a las Hermanitas de la Caridad le han salido tantos competidores? ¿Desde cuándo el tigre se ha vuelto vegetariano? Creo que ante estos hechos hay que practicar la costumbre muy sana de la duda y la sospecha.

En primer lugar, resulta sospechoso el interés demostrado por empresas, multinacionales, hipermercados, entidades bancarias, firmas comerciales, instituciones financieras... por colaborar y participar en la ayuda humanitaria. ¿Cómo explicar esa "vena solidaria" que de repente parecen mostrar organizaciones económicas que en nombre de los beneficios empresariales, la rentabilidad y competitividad del mercado, no tienen escrúpulos a la hora de reducir plantilla, utilizar los "contratos basura", someter a los trabajadores a jornadas de 10 y 12 horas diarias, pagar salarios de miseria, trasladar sus instalaciones a países cuyos trabajadores están privados de los derechos sindicales y laborales lo que les garantiza una "paz laboral" necesaria para multiplicar sus ganancias? ¿Cómo entender ese interés por colaborar en las campañas de solidaridad de entidades bancarias y financieras, que compran participaciones de empresas e industrias cuando los balances son positivos y que son las primeras en abandonar el barco cuando empiezan a aparecer las primeras pérdidas, sin importar si con ello arrastran a miles de trabajadores al paro, cuyos fondos de inversión se destinan a la especulación financiera, poniendo en peligro la economía de países enteros? ¿Cómo interpretar el interés de firmas comerciales que tienen a sus trabajadores en condiciones leoninas que recuerdan la época preindustrial, cuando no había ni descanso semanal, ni horario fijo, ni sueldo mínimo y cuyo lema es "si quieres lo tomas y si no lo dejas"?

Voy a poner unos ejemplos para desenmascarar a alguna de estas empresas patrocinadoras de campañas de pseudosolidaridad. Es el caso de Telefónica. Hay una asociación que organiza una campaña titulada "Un Kilo de Ayuda", que consiste en comprar tarjetas por valor de 100, 300 ó 500 ptas. que se encuentran en las cajas de cobro de hipermercados como Alcampo, Hipercor y El Corte Inglés y que patrocina Telefónica Data, del Grupo Telefónica. La iniciativa tiene como objetivo "promover la solidaridad de los españoles con los grupos menos favorecidos de nuestra sociedad todos los días del año, a través de la compra de una tarjeta que representa un kilo de alimentos, libros, medicinas, material de construcción..."

Si uno entra en la página web de dicha asociación, entre otras informaciones y accesos está la posibilidad de entrar en las páginas de Internet de Telefónica, Alcampo y El Corte Inglés; desde las páginas de estos dos últimos centros se puede comprar sin moverse uno de casa, puesto que a través de la página se accede a promociones, novedades, ofertas, descuentos, etc.

Pero además de la utilización pura y dura de la campaña y de la asociación con fines propagandísticos y publicitarios, para incitar desde "una buena acción" al consumo superfluo, lo que más llama la atención es que se trata de empresas cuyo funcionamiento y organización responden fielmente al principio neoliberal de maximización de beneficios y minimización de costes, con las repercusiones que esto tiene en las condiciones laborales de sus trabajadores y en las estrategias que utilizan con sus proveedores.

Veamos ahora, algunos rasgos de la empresa, Telefónica, que patrocina la campaña " Un Kilo de Ayuda". Desde 1995, en Telefónica de España (la filial de telefonía fija del Grupo Telefónica), han desaparecido unos 30.000 empleos estables, pasando de una plantilla de 72.000 personas a una de 46.600 a finales de 1999. Los argumentos que se han utilizado para justificar la reducción de personal son la innovación tecnológica y la pérdida de cuotas de mercado a causa de la liberalización, pero las razones tienen más que ver con el interés de Telefónica para aumentar los beneficios a partir de rebajar los costes laborales. El balance anual de Telefónica para 1999 es bastante explícito cuando se refiere al "buen comportamiento de gastos de personal de Telefónica de España, que han decrecido un 11% en el ejercicio como resultado de la reducción de plantilla (11.580 empleados menos respecto a diciembre de 1998)". Este despido colectivo tiene un coste para el estado de 185.150 millones de pesetas en 13 años, que se tendrá que pagar con dinero público (por las prestaciones de desempleo y las contribuciones a la Seguridad Social que se dejan de ingresar), mientras que a Telefónica le supone un ahorro de 67.767 millones de ptas. en 2 años y hasta 150.000 millones en 8 años.

La destrucción de empleo estable se sustituye por trabajos precarios y empresas subcontratadas. Las condiciones laborales y saláriales de muchas de estas empresas subcontratadas, se fundamentan en los contratos a tiempo parcial, los temporales y la rotación: priman los contratos por obra y servicio y los contratos por circunstancias de la producción; los contratos indefinidos no llegan al 1% del total. También se da una retribución salarial insuficiente: el salario en el convenio de telemárketing se sitúa en unas 80.000 ptas. mensuales por 39 horas semanales; además a partir del convenio desaparecen los pluses de fin de semana, lo que deriva en una tendencia a una mayor predisposición para la realización de horas extras. También se fundamentan en una degradación de las condiciones de trabajo: la jornada puede variar entre las 12 y las 39 horas semanales, los turnos pueden ser modificados de una semana a otra sin previo aviso, y por lo tanto, se exige la máxima disponibilidad. La movilidad funcional y geográfica también es un instrumento muy utilizado...

Así es fácil de entender que los beneficios del Grupo Telefónica no dejen de aumentar (300.000 millones en 1999) y que 100 directivos se lleven al bolsillo a través de las "stock options" una cantidad 6 veces mayor que el incremento salarial pactado en el convenio que afecta a unos 50.000 trabajadores. He aquí la realización perfecta del criterio que siguen estos grupos empresariales, representantes de la famosa "globalización", que no consiste más que en socializar las pérdidas y privatizar los beneficios.

¿A alguien le cabe todavía alguna duda de las intenciones que Telefónica puede tener para patrocinar una campaña de solidaridad "con los grupos menos favorecidos de nuestra sociedad"? ¿Desde cuándo es un acto solidario crear pobres para luego ayudarlos? ¿Conoce esto la asociación que organiza la citada campaña?

Otro de los ejemplos que quería traer aquí es el del portal de Internet que se llama "thehungersite.com", que quiere decir más o menos "el sitio del hambre" y que está promovido por el Programa para la Alimentación de las Naciones Unidas. Esta es una página en la que cuando se entra aparece un mapa del mundo y una frase que dice: "Cada 3.6 segundos una persona muere de hambre en el mundo. El 75% son niños". Cada 3.6 segundos aparece señalado un país en el mapa y eso quiere decir que acaba de morir una persona de hambre. A lo que se invita al internauta es a que cliqueando en un punto determinado haga una donación de alimentos, o sea, sin moverse del sitio y sin costarle nada, puede realizar un acto de donación de alimentos, puede cliquear tantas veces como quiera. El refinamiento va más allá de lo que cualquier imaginación podía inventar: ser solidario sin moverse de casa y sin gastarse un duro. Pero la pregunta es ¿quién paga entonces por el acto solidario del internauta?

Si se sigue navegando por el portal descubrimos que hay un apartado dedicado a los sponsors o patrocinadores de los donativos, es decir, aquellos que pagan y hacen posible tan "generosa iniciativa". Hay varios tipos de patrocinio, que se pueden elegir "a la carta": se puede ser patrocinador durante un mes, una semana, o un día. El coste para la empresa es el de 5 céntimos por cada vez que alguien cliquea y puede limitar el porcentaje de participación. Supongamos que una empresa quiere ser sponsor durante 7 días, si en un día hay 300.000 donaciones, habría que multiplicar el número de donaciones por 5 céntimos y el resultado sería lo que tiene que pagar el patrocinador. En lugar de hacerse cargo de parte de todas las donaciones, puede fijar un límite, un porcentaje de las donaciones que es el que se compromete a pagar, de este modo se protege en caso de que el número de donaciones sobrepase las expectativas.

Si seguimos curioseando por el portal podemos entrar en la página en la que figuran tan filantrópicos "padrinos" y nuestra sorpresa es mayúscula cuando vemos entre los patrocinadores a la multinacional Novartis. Es de todos sabido que Novartis es la compañía agroquímica más grande del mundo, la segunda en la producción de semillas y la tercera en la producción de productos farmacéuticos. Novartis forma parte del grupo selecto de media docena de compañías transnacionales del sector agroquímico y farmacéutico que acaparan la investigación y las patentes mundiales en el campo de la biotecnología, y que a su vez son propietarias de las casas de semillas y de algunos de los bancos de germoplasma más importantes del mundo.

Un análisis de las características de los primeros cultivos manipulados genéticamente que han salido al mercado, así como de los rasgos transgénicos que acaparan las inversiones de la industria biotecnológica delata una clara tendencia al desarrollo de productos que responden a los intereses de la industria por ampliar y acaparar mercados, y no por solucionar el hambre. Las consecuencias que están teniendo las actuaciones de estas compañías a nivel internacional en la agricultura familiar, los sistemas tradicionales de cultivo y la producción local, es de todos conocidos.

¿A qué viene entonces este interés por patrocinar la donación de alimentos? ¿Es que se puede creer con estos antecedentes en las "buenas intenciones" de una transnacional como Novartis?

Pero la capacidad del portal para sorprendernos no termina ahí. También podemos encontrar un apartado que dice "comprar para terminar con el hambre" y si cliqueamos nos aparece todo un listado de objetos que podemos adquirir y los centros en los que se pueden conseguir vía internet. Por cada dólar gastado, una taza de comida es donada por el Programa para la Alimentación de las Naciones Unidas. La verdad es que no se puede pedir más. Mi capacidad de asombro es desbordada por tamaño derroche de imaginación y de conocimientos para neutralizar y desactivar las conciencias y la capacidad crítica de la gente.

En segundo lugar, junto al inusitado interés del mundo empresarial y financiero por las campañas de solidaridad, llama la atención la proliferación de ONGs y la multiplicación de los voluntarios (un millón en España), en un momento en el que la ayuda pública al desarrollo ha caído hasta mínimos históricos, según el Informe sobre la Pobreza publicado en el año 1998 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Según este informe, el compromiso de los países ricos de aportar el 0´7% del PIB a la ayuda al desarrollo, ha quedado reducido al 0,22%, representando el 0,19% en el caso de los siete países más ricos (el llamado G-7).

¿Qué tienen en común estos dos hechos, el interés mostrado por entidades económicas industriales, comerciales y financieras por el "patrocinio solidario" y el aumento de ONGs y del voluntariado en la ayuda humanitaria? No tengo otra respuesta que ésta: la rentabilidad política y económica que producen los pobres. Es decir, lo que empezó siendo un fin loable y legítimo por parte de personas y asociaciones insatisfechas con la realidad que padecen 2/3 partes de la humanidad, ha acabado convirtiéndose en un medio para aumentar las ventas y los beneficios en un caso, y en el otro, en un medio para obtener recursos y poder competir en el mercado de las subvenciones.

Los pobres han acabado convirtiéndose en un reclamo, un anzuelo con el que conmover "sensibleramente" a la gente para que compre cada vez más. El objetivo es vender más, producir más y ganar más y para ello, cualquier medio es bueno, desde mostrar la imagen de un niño africano comido por las moscas, hasta pedir a los clientes que por cada juguete que compren a sus hijos adquieran otro para un niño pobre de América latina, Asia o África, hasta ofrecer dar el 0´7% a una ONG, todo vale.

Los pobres son rentables económicamente porque, como se dice ahora, "su imagen vende": ¿Cómo va a dejar ahora usted de fumar cuando puede contribuir a la realización de un proyecto "X", en el pueblo "Y", aunque para ello dañe su salud?, usted fume, fume y no se preocupe ni de su salud ni de su bolsillo, de eso nos preocupamos nosotros, todo sea por una causa buena, piense que cuanto más fuma más proyectos pueden llevarse a cabo; ¿que se puede estar haciendo un uso mercantilista de una ONG?, pero ¿qué importa si con ello se puede construir un hospital, abrir una escuela, construir un pozo de agua o repartir gafas graduadas?, usted no se preocupe, piense lo que quiera pero eso sí, no deje de tomar una Pepsi o de comprar el producto "X"; ¿que quiere usted estudiar inglés?, pues aproveche ahora que los pobres están en saldo y si se matricula este mes y no el que viene, podrá ayudar al mismo tiempo a los niños de no importa dónde..., es decir, pague uno y llévese dos, aprenda inglés y cumpla su buena acción del día para poder dormir tranquilamente, ¿qué más se puede ofrecer?...

Pero los pobres no son sólo rentables económicamente para las firmas comerciales, cantantes, presentadores, actores, toreros, futbolistas, nadie quiere quedarse al margen del "negocio de la solidaridad", ¿cómo negarse a participar, presentar, ofrecer, un concierto, un recital, un partido, una corrida de toros, ... en beneficio de los pobres? No importa si hoy se participa en un acto a favor de los refugiados y al día siguiente se colabora en un anuncio de la Nike, Chicco, Monsanto, Shell o cualquiera de las multinacionales cuyos beneficios se deben al expolio sistemático del Tercer Mundo,... ya se sabe, no hay que perder el tren, y en este caso es el tren de las ganancias que reportan los pobres.

¿Y qué decir de la rentabilidad política de los pobres? No hay sindicato ni partido que no se sume a cualquier campaña que se organice con motivo de la explotación laboral infantil, la deuda externa, las inundaciones, los huracanes,..., sobre todo, si se puede salir en televisión y aprovechar la ocasión para ganar votos, sabiendo de antemano que lo que se dice en estos casos luego no se va a cumplir.

Pero la mayor rentabilidad política de este "filón de la solidaridad" es para los gobiernos y los estados. Mucho se habla hoy de la "sociedad civil" e incluso algunos analistas sociales interpretan el fenómeno de las ONGs y del voluntariado como una prueba de madurez y protagonismo de la sociedad civil. Pero yo me pregunto ¿no será más bien que nos están dejando jugar a ser sociedad civil?, porque vamos a ver ¿dónde está el protagonismo de la sociedad civil cuando no se puede utilizar la iniciativa popular para que los representantes políticos puedan debatir en el Parlamento una propuesta de condonación de la deuda externa, porque la iniciativa popular no se puede utilizar en materias propias de leyes orgánicas (relativas al desarrollo de los derechos fundamentales, libertades públicas, régimen electoral), tributarias (Hacienda Pública, Presupuestos) ni de carácter internacional?, ¿para qué sirve entonces la iniciativa popular?; ¿dónde está el protagonismo de la sociedad civil para hacer cumplir a los representantes políticos sus promesas electorales, como la de destinar el 0,7% del PIB en caso de ganar las elecciones?; ¿dónde está el protagonismo de la sociedad civil si para asociarse necesita de las subvenciones gubernamentales?,...

Una sociedad civil entretenida en hacer proyectos para los pueblos del Tercer Mundo, ocupada en parchear la situación de los pobres que el sistema económico fabrica en serie, no representa ningún quebradero de cabeza para el poder político ni económico; una sociedad civil ocupada en rellenar impresos para solicitar subvenciones, presentar informes, memorias, de las actividades justificativas de tales subvenciones y en captar voluntarios cuando dichas subvenciones se han conseguido, no provoca ningún dolor de cabeza a los que manejan los hilos del poder; una sociedad civil ocupada en desarrollar actos simbólicos de protesta sin creer en su propia capacidad de transformación y subversión del orden establecido, no es motivo de preocupación para los poderes públicos y privados.

Pero ¿qué pasaría si las ONGs decidieran crear una entidad independiente para recaudar y gestionar ellas mismas los fondos recaudados para la ayuda humanitaria, prescindiendo de bancos y cajas de ahorros?; ¿qué pasaría si en próximas elecciones se castigar a los partidos políticos que cuando han estado en el poder han incumplido reiteradamente sus promesas de ayuda humanitaria y cooperación al desarrollo?; ¿qué pasaría si empezáramos a exigir reformas de la Constitución sobre la iniciativa popular, el mandato imperativo, el régimen electoral...? ¿Seguirían las ONGs teniendo el apoyo institucional público y privado que tienen actualmente?

No nos engañemos, nos están dejando representar el papel de sociedad civil siempre y cuando no cuestionemos los principios "sacrosantos" que rigen las decisiones políticas y económicas a nivel internacional, y que responden a los intereses privados de los grupos industriales, comerciales y financieros que nada tienen que ver con el bienestar de las poblaciones de uno y otro hemisferio.

La prueba está en que cuando se atacan los núcleos del poder, cuando lo que se cuestiona son las estructuras y las instituciones que están en el origen de la injusticia y la pobreza, el poder reacciona violentamente de la única manera que sabe: con los medios policiales y militares. Este ha sido el caso de Praga, en donde había un policía por cada manifestante ¿a qué tenían miedo? ¿qué podían temer de los manifestantes? ¿por qué ese empeño en desprestigiar a los activistas presentándolos como violentos, agresivos...? Hechos como los de Praga y anteriormente, los de Seattle, Washington, Melbourne, prueban que cuando se tocan las fibras más sensibles del poder, éste se despoja de su máscara humanitaria y solidaria y se muestra con la crudeza de quien teme perder sus privilegios y prerrogativas: sólo así se puede entender la reacción violenta frente a los manifestantes. Pero la lección es que ese puede ser el camino para que la sociedad civil empiece a recuperar el terreno perdido: primero la necesidad de retomar el principio del internacionalismo, la unidad a escala internacional de todos los que deseamos una sociedad más justa, de las víctimas y de los insatisfechos de este orden que sólo crea violencia, hambre y destrucción; segundo, dirigir nuestros esfuerzos y acciones a denunciar, desprestigiar, desacreditar, las instituciones y estructuras en cuyo origen está la raíz de la situación de millones y millones de personas.

Ser sociedad civil frente al estado exige una conciencia política, una militancia organizada capaz de crear alternativas que pongan en cuestión el orden establecido, unos criterios de discernimiento en los que prime la justicia social y el derecho a la vida y una vida digna. Ser sociedad civil no quiere decir que renunciemos a nuestra cuota de poder, delegando en las instituciones y representantes políticos. Ser sociedad civil es desarrollar un juicio crítico de los poderes políticos y económicos para recordarles que la soberanía del pueblo no acaba en una urna el día de las elecciones, o en la libertad de organizar una asociación para la ayuda humanitaria. La sociedad civil sólo podrá ser soberana cuando se tome en serio su capacidad de lucha y transformación de las estructuras que condenan al "corredor mundial de la muerte" a millones de seres humanos.