Volver a ESPIRITUALIDAD
Antropóloga Social Univ. Complutense de Madrid
(Acción Cultural Cristiana)
Texto de la conferencia pronunciada en las Jornadas del
Dept. CONFER-MISIONES (27-29 Oct. 2000).
Hemos publicado una versión resumida en el nº 106 de nuestra
revista AFRICANA,
que puedes recibir gratis
con sólo enviarnos tu dirección.
En el mes de diciembre de 1999, hace un año aproximadamente, leía
en un periódico regional de España una pequeña nota de prensa,
en la que la directora del Programa Mundial de Alimentos de la
ONU reconocía la incapacidad de este organismo internacional para
solventar "la inseguridad alimentaria" en los años venideros,
o lo que es lo mismo, pero sin eufemismos, a los que tan aficionados
son los representantes de la ONU, confesaba un aumento del hambre
en el mundo, lo que quería decir que entre 800 y 900 millones
de seres humanos (aproximadamente el 20% de la población mundial)
estaban condenados a morir.
En los días siguientes a la lectura de esta noticia, estuve atenta
a los medios de comunicación para ver si se hacían eco de alguna
reacción de tipo social o político ante tamaña barbaridad. Mi
espera fue en vano: una noticia de estas dimensiones, no provocó
ni la dimisión de la directora del Programa Mundial de Alimentos,
ni una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, ni
la denuncia ante el Tribunal Internacional de la Haya ni ante
la Comisión de Derechos Humanos de la Unión Europea, ni manifestaciones
en las calles, ni convulsiones en los mercados bursátiles, ni
crisis políticas y menos económicas... por lo que se ve, la muerte
de 800 ó 900 millones de personas no es motivo "suficiente"
ni "comparable" al descenso en la liga de fútbol del
club favorito, al abandono de alguno de los concursantes del Gran
Hermano o El Bus, a la pérdida de beneficios del capital financiero
o a la pérdida de influencia estratégica de las grandes potencias,
total, los candidatos a morir ni cotizan en bolsa, ni participan
en la liga de fútbol, ni invierten en fondos de pensiones, ni
votan en los organismos falsamente llamados "internacionales".
Pero aún hay más, en el Informe sobre el Desarrollo Humano de
Naciones Unidas correspondiente al año 1999, aparecen de nuevo
cifras escalofriantes que todos conocemos pero de las que quiero
destacar éstas: "los bienes de las tres personas más ricas
del planeta son superiores al PIB de los 48 países más pobres"(ibid.
P.37); "las 200 personas más ricas poseen más bienes que
el 41% de la Humanidad" (ibid. P. 38); "en 1994, este
selecto club de ultra-ricos, acaparaba 440.000 millones de dólares
(unos 69,753 billones de pesetas, casi dos veces el presupuesto
del estado español ); en 1998, cuatro años después, la astronómica
cifra ¡ascendió hasta 1, 042 billones de dólares! (165, 188 billones
de pesetas, casi cinco veces los presupuestos del estado español
para el mismo año y cinco veces la deuda externa de los 41 países
más pobres del mundo -unos 34 billones de ptas.). Lo que supone
que fueron ingresando del orden de 5000 dólares por segundo: unos
68.484 millones de pesetas al día" (ibid. p. 38).
Pues bien, de nuevo, presté atención a los medios de comunicación,
a la bolsa, a los organismos internacionales, a las reuniones
de ministros, sesiones del congreso, etc. Y aquí no ha pasado
nada.
Esta falta de reacción, de respuesta ante el escándalo de estas
cifras, contrasta con el aumento de la supuesta "sensibilidad"
que algunos quieren ver en el incremento de anuncios publicitarios
de ONGs, campañas de solidaridad, macroconciertos, concursos,
recogidas de firmas, subastas, maratones, recogidas de alimentos,
juguetes, ropas, suscripciones para apadrinamientos de niños del
Tercer Mundo, para la creación de hospitales, escuelas, etc. Campañas
patrocinadas cada vez más por firmas comerciales de multinacionales
(Fortuna, Pepsi, Ericsson, Levi-Strauss), grandes empresas (Hiberdrola,
Telefónica, Cepsa), superficies comerciales (Continente, El Corte
Inglés, Alcampo, Pryca, Eroski, Ikea), compañías aéreas (Swissair,
Iberia), bancos y entidades financieras (BSCH, Barclays Bank),
compañías privadas de seguros (Regal Insurance Club), compañías
privadas médicas (ASISA), empresas de mensajería urgente (MRW),
agencias de viajes (Viajes Barceló), centros privados de enseñanaza
(Wall Street Institute), editoriales (Ed. Bruño) y todo tipo de
empresas. Fenómeno que recibe el nombre de "marketing con
causa" o "publicidad solidaria". He aquí unos ejemplos:
"Ven a Wall Street Institute en diciembre y colabora en
el proyecto 12 escuelas para la India. Ahora si aprendes inglés
en Wall Street Institute, ayudarás a miles de niños hindúes a
recibir una educación digna y a tener una vida mejor. Porque si
te matriculas este mes, destinaremos parte de tu dinero a un proyecto
muy especial: la construcción de 12 escuelas en la India. Proyecto
financiado por Wall Street Institute. ¿Por qué esperar a enero?
Visita tu centro Wall Street Institute más cercano y colabora:
Harás mucho por ti. Harás mucho por ellos"; "Ahora con
Fortuna puedes dar el 0´7% a una ONG"; "Puedes pensar
que esto (un bote de Pepsi) es el uso mercantilista de una ONG
o también que con ello colaboras a la construcción de un hospital...";
"Con la tarjeta Voluntarios de Hispamer Mastercard, cada
compra que realice será un donativo para el Tercer Mundo. Sin
incremento de gastos, sólo comprando. Desde ahora comprar es solidario..."
Y no se me olvida un anuncio publicitario radiofónico durante
el conflicto bélico de Kósovo que decía así: "Atención, atención,
una bomba va a caer en el Centro Comercial de Majadahonda. Atención,
atención, el 20% de las ventas del día 21 de mayo será destinado
a los refugiados de Kosovo" y mientras tanto, se oía como
música de fondo sirenas anunciando los bombardeos, creo que por
menos hay gente en la cárcel...
A esto hay que añadir que todo donativo que se solicita se ha
de ingresar en las cuentas bancarias que la mayoría de las organizaciones
tienen abiertas en los principales bancos que operan en el mercado
nacional e internacional; rara es la entidad bancaria que no participa
en la recaudación de las aportaciones periódicas o extraordinarias
de los ciudadanos, con motivo de las hambrunas, guerras, atención
a refugiados, catástrofes, etc., solicitadas por las casi 200.000
organizaciones no gubernamentales que hay en España.
¿Qué relación hay entre todos estos hechos? ¿Cuáles son las intenciones
de tanto ejercicio de generosidad y solidaridad por el que a las
Hermanitas de la Caridad le han salido tantos competidores? ¿Desde
cuándo el tigre se ha vuelto vegetariano? Creo que ante estos
hechos hay que practicar la costumbre muy sana de la duda y la
sospecha.
En primer lugar, resulta sospechoso el interés demostrado por
empresas, multinacionales, hipermercados, entidades bancarias,
firmas comerciales, instituciones financieras... por colaborar
y participar en la ayuda humanitaria. ¿Cómo explicar esa "vena
solidaria" que de repente parecen mostrar organizaciones
económicas que en nombre de los beneficios empresariales, la rentabilidad
y competitividad del mercado, no tienen escrúpulos a la hora de
reducir plantilla, utilizar los "contratos basura",
someter a los trabajadores a jornadas de 10 y 12 horas diarias,
pagar salarios de miseria, trasladar sus instalaciones a países
cuyos trabajadores están privados de los derechos sindicales y
laborales lo que les garantiza una "paz laboral" necesaria
para multiplicar sus ganancias? ¿Cómo entender ese interés por
colaborar en las campañas de solidaridad de entidades bancarias
y financieras, que compran participaciones de empresas e industrias
cuando los balances son positivos y que son las primeras en abandonar
el barco cuando empiezan a aparecer las primeras pérdidas, sin
importar si con ello arrastran a miles de trabajadores al paro,
cuyos fondos de inversión se destinan a la especulación financiera,
poniendo en peligro la economía de países enteros? ¿Cómo interpretar
el interés de firmas comerciales que tienen a sus trabajadores
en condiciones leoninas que recuerdan la época preindustrial,
cuando no había ni descanso semanal, ni horario fijo, ni sueldo
mínimo y cuyo lema es "si quieres lo tomas y si no lo dejas"?
Voy a poner unos ejemplos para desenmascarar a alguna de estas
empresas patrocinadoras de campañas de pseudosolidaridad. Es el
caso de Telefónica. Hay una asociación que organiza una campaña
titulada "Un Kilo de Ayuda", que consiste en comprar
tarjetas por valor de 100, 300 ó 500 ptas. que se encuentran en
las cajas de cobro de hipermercados como Alcampo, Hipercor y El
Corte Inglés y que patrocina Telefónica Data, del Grupo Telefónica.
La iniciativa tiene como objetivo "promover la solidaridad
de los españoles con los grupos menos favorecidos de nuestra sociedad
todos los días del año, a través de la compra de una tarjeta que
representa un kilo de alimentos, libros, medicinas, material de
construcción..."
Si uno entra en la página web de dicha asociación, entre otras
informaciones y accesos está la posibilidad de entrar en las páginas
de Internet de Telefónica, Alcampo y El Corte Inglés; desde las
páginas de estos dos últimos centros se puede comprar sin moverse
uno de casa, puesto que a través de la página se accede a promociones,
novedades, ofertas, descuentos, etc.
Pero además de la utilización pura y dura de la campaña y de
la asociación con fines propagandísticos y publicitarios, para
incitar desde "una buena acción" al consumo superfluo,
lo que más llama la atención es que se trata de empresas cuyo
funcionamiento y organización responden fielmente al principio
neoliberal de maximización de beneficios y minimización de costes,
con las repercusiones que esto tiene en las condiciones laborales
de sus trabajadores y en las estrategias que utilizan con sus
proveedores.
Veamos ahora, algunos rasgos de la empresa, Telefónica, que patrocina
la campaña " Un Kilo de Ayuda". Desde 1995, en Telefónica
de España (la filial de telefonía fija del Grupo Telefónica),
han desaparecido unos 30.000 empleos estables, pasando de una
plantilla de 72.000 personas a una de 46.600 a finales de 1999.
Los argumentos que se han utilizado para justificar la reducción
de personal son la innovación tecnológica y la pérdida de cuotas
de mercado a causa de la liberalización, pero las razones tienen
más que ver con el interés de Telefónica para aumentar los beneficios
a partir de rebajar los costes laborales. El balance anual de
Telefónica para 1999 es bastante explícito cuando se refiere al
"buen comportamiento de gastos de personal de Telefónica
de España, que han decrecido un 11% en el ejercicio como resultado
de la reducción de plantilla (11.580 empleados menos respecto
a diciembre de 1998)". Este despido colectivo tiene un coste
para el estado de 185.150 millones de pesetas en 13 años, que
se tendrá que pagar con dinero público (por las prestaciones de
desempleo y las contribuciones a la Seguridad Social que se dejan
de ingresar), mientras que a Telefónica le supone un ahorro de
67.767 millones de ptas. en 2 años y hasta 150.000 millones en
8 años.
La destrucción de empleo estable se sustituye por trabajos precarios
y empresas subcontratadas. Las condiciones laborales y saláriales
de muchas de estas empresas subcontratadas, se fundamentan en
los contratos a tiempo parcial, los temporales y la rotación:
priman los contratos por obra y servicio y los contratos por circunstancias
de la producción; los contratos indefinidos no llegan al 1% del
total. También se da una retribución salarial insuficiente: el
salario en el convenio de telemárketing se sitúa en unas 80.000
ptas. mensuales por 39 horas semanales; además a partir del convenio
desaparecen los pluses de fin de semana, lo que deriva en una
tendencia a una mayor predisposición para la realización de horas
extras. También se fundamentan en una degradación de las condiciones
de trabajo: la jornada puede variar entre las 12 y las 39 horas
semanales, los turnos pueden ser modificados de una semana a otra
sin previo aviso, y por lo tanto, se exige la máxima disponibilidad.
La movilidad funcional y geográfica también es un instrumento
muy utilizado...
Así es fácil de entender que los beneficios del Grupo Telefónica
no dejen de aumentar (300.000 millones en 1999) y que 100 directivos
se lleven al bolsillo a través de las "stock options"
una cantidad 6 veces mayor que el incremento salarial pactado
en el convenio que afecta a unos 50.000 trabajadores. He aquí
la realización perfecta del criterio que siguen estos grupos empresariales,
representantes de la famosa "globalización", que no
consiste más que en socializar las pérdidas y privatizar los beneficios.
¿A alguien le cabe todavía alguna duda de las intenciones que
Telefónica puede tener para patrocinar una campaña de solidaridad
"con los grupos menos favorecidos de nuestra sociedad"?
¿Desde cuándo es un acto solidario crear pobres para luego ayudarlos?
¿Conoce esto la asociación que organiza la citada campaña?
Otro de los ejemplos que quería traer aquí es el del portal de
Internet que se llama "thehungersite.com", que quiere
decir más o menos "el sitio del hambre" y que está promovido
por el Programa para la Alimentación de las Naciones Unidas. Esta
es una página en la que cuando se entra aparece un mapa del mundo
y una frase que dice: "Cada 3.6 segundos una persona muere
de hambre en el mundo. El 75% son niños". Cada 3.6 segundos
aparece señalado un país en el mapa y eso quiere decir que acaba
de morir una persona de hambre. A lo que se invita al internauta
es a que cliqueando en un punto determinado haga una donación
de alimentos, o sea, sin moverse del sitio y sin costarle nada,
puede realizar un acto de donación de alimentos, puede cliquear
tantas veces como quiera. El refinamiento va más allá de lo que
cualquier imaginación podía inventar: ser solidario sin moverse
de casa y sin gastarse un duro. Pero la pregunta es ¿quién paga
entonces por el acto solidario del internauta?
Si se sigue navegando por el portal descubrimos que hay un apartado
dedicado a los sponsors o patrocinadores de los donativos, es
decir, aquellos que pagan y hacen posible tan "generosa iniciativa".
Hay varios tipos de patrocinio, que se pueden elegir "a la
carta": se puede ser patrocinador durante un mes, una semana,
o un día. El coste para la empresa es el de 5 céntimos por cada
vez que alguien cliquea y puede limitar el porcentaje de participación.
Supongamos que una empresa quiere ser sponsor durante 7 días,
si en un día hay 300.000 donaciones, habría que multiplicar el
número de donaciones por 5 céntimos y el resultado sería lo que
tiene que pagar el patrocinador. En lugar de hacerse cargo de
parte de todas las donaciones, puede fijar un límite, un porcentaje
de las donaciones que es el que se compromete a pagar, de este
modo se protege en caso de que el número de donaciones sobrepase
las expectativas.
Si seguimos curioseando por el portal podemos entrar en la página
en la que figuran tan filantrópicos "padrinos" y nuestra
sorpresa es mayúscula cuando vemos entre los patrocinadores a
la multinacional Novartis. Es de todos sabido que Novartis es
la compañía agroquímica más grande del mundo, la segunda en la
producción de semillas y la tercera en la producción de productos
farmacéuticos. Novartis forma parte del grupo selecto de media
docena de compañías transnacionales del sector agroquímico y farmacéutico
que acaparan la investigación y las patentes mundiales en el campo
de la biotecnología, y que a su vez son propietarias de las casas
de semillas y de algunos de los bancos de germoplasma más importantes
del mundo.
Un análisis de las características de los primeros cultivos manipulados
genéticamente que han salido al mercado, así como de los rasgos
transgénicos que acaparan las inversiones de la industria biotecnológica
delata una clara tendencia al desarrollo de productos que responden
a los intereses de la industria por ampliar y acaparar mercados,
y no por solucionar el hambre. Las consecuencias que están teniendo
las actuaciones de estas compañías a nivel internacional en la
agricultura familiar, los sistemas tradicionales de cultivo y
la producción local, es de todos conocidos.
¿A qué viene entonces este interés por patrocinar la donación
de alimentos? ¿Es que se puede creer con estos antecedentes en
las "buenas intenciones" de una transnacional como Novartis?
Pero la capacidad del portal para sorprendernos no termina ahí.
También podemos encontrar un apartado que dice "comprar para
terminar con el hambre" y si cliqueamos nos aparece todo
un listado de objetos que podemos adquirir y los centros en los
que se pueden conseguir vía internet. Por cada dólar gastado,
una taza de comida es donada por el Programa para la Alimentación
de las Naciones Unidas. La verdad es que no se puede pedir más.
Mi capacidad de asombro es desbordada por tamaño derroche de imaginación
y de conocimientos para neutralizar y desactivar las conciencias
y la capacidad crítica de la gente.
En segundo lugar, junto al inusitado interés del mundo empresarial
y financiero por las campañas de solidaridad, llama la atención
la proliferación de ONGs y la multiplicación de los voluntarios
(un millón en España), en un momento en el que la ayuda pública
al desarrollo ha caído hasta mínimos históricos, según el Informe
sobre la Pobreza publicado en el año 1998 por el Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo. Según este informe, el compromiso
de los países ricos de aportar el 0´7% del PIB a la ayuda al desarrollo,
ha quedado reducido al 0,22%, representando el 0,19% en el caso
de los siete países más ricos (el llamado G-7).
¿Qué tienen en común estos dos hechos, el interés mostrado por
entidades económicas industriales, comerciales y financieras por
el "patrocinio solidario" y el aumento de ONGs y del
voluntariado en la ayuda humanitaria? No tengo otra respuesta
que ésta: la rentabilidad política y económica que producen los
pobres. Es decir, lo que empezó siendo un fin loable y legítimo
por parte de personas y asociaciones insatisfechas con la realidad
que padecen 2/3 partes de la humanidad, ha acabado convirtiéndose
en un medio para aumentar las ventas y los beneficios en un caso,
y en el otro, en un medio para obtener recursos y poder competir
en el mercado de las subvenciones.
Los pobres han acabado convirtiéndose en un reclamo, un anzuelo
con el que conmover "sensibleramente" a la gente para
que compre cada vez más. El objetivo es vender más, producir más
y ganar más y para ello, cualquier medio es bueno, desde mostrar
la imagen de un niño africano comido por las moscas, hasta pedir
a los clientes que por cada juguete que compren a sus hijos adquieran
otro para un niño pobre de América latina, Asia o África, hasta
ofrecer dar el 0´7% a una ONG, todo vale.
Los pobres son rentables económicamente porque, como se dice
ahora, "su imagen vende": ¿Cómo va a dejar ahora usted
de fumar cuando puede contribuir a la realización de un proyecto
"X", en el pueblo "Y", aunque para ello dañe
su salud?, usted fume, fume y no se preocupe ni de su salud ni
de su bolsillo, de eso nos preocupamos nosotros, todo sea por
una causa buena, piense que cuanto más fuma más proyectos pueden
llevarse a cabo; ¿que se puede estar haciendo un uso mercantilista
de una ONG?, pero ¿qué importa si con ello se puede construir
un hospital, abrir una escuela, construir un pozo de agua o repartir
gafas graduadas?, usted no se preocupe, piense lo que quiera pero
eso sí, no deje de tomar una Pepsi o de comprar el producto "X";
¿que quiere usted estudiar inglés?, pues aproveche ahora que los
pobres están en saldo y si se matricula este mes y no el que viene,
podrá ayudar al mismo tiempo a los niños de no importa dónde...,
es decir, pague uno y llévese dos, aprenda inglés y cumpla su
buena acción del día para poder dormir tranquilamente, ¿qué más
se puede ofrecer?...
Pero los pobres no son sólo rentables económicamente para las
firmas comerciales, cantantes, presentadores, actores, toreros,
futbolistas, nadie quiere quedarse al margen del "negocio
de la solidaridad", ¿cómo negarse a participar, presentar,
ofrecer, un concierto, un recital, un partido, una corrida de
toros, ... en beneficio de los pobres? No importa si hoy se participa
en un acto a favor de los refugiados y al día siguiente se colabora
en un anuncio de la Nike, Chicco, Monsanto, Shell o cualquiera
de las multinacionales cuyos beneficios se deben al expolio sistemático
del Tercer Mundo,... ya se sabe, no hay que perder el tren, y
en este caso es el tren de las ganancias que reportan los pobres.
¿Y qué decir de la rentabilidad política de los pobres? No hay
sindicato ni partido que no se sume a cualquier campaña que se
organice con motivo de la explotación laboral infantil, la deuda
externa, las inundaciones, los huracanes,..., sobre todo, si se
puede salir en televisión y aprovechar la ocasión para ganar votos,
sabiendo de antemano que lo que se dice en estos casos luego no
se va a cumplir.
Pero la mayor rentabilidad política de este "filón de la
solidaridad" es para los gobiernos y los estados. Mucho se
habla hoy de la "sociedad civil" e incluso algunos analistas
sociales interpretan el fenómeno de las ONGs y del voluntariado
como una prueba de madurez y protagonismo de la sociedad civil.
Pero yo me pregunto ¿no será más bien que nos están dejando jugar
a ser sociedad civil?, porque vamos a ver ¿dónde está el protagonismo
de la sociedad civil cuando no se puede utilizar la iniciativa
popular para que los representantes políticos puedan debatir en
el Parlamento una propuesta de condonación de la deuda externa,
porque la iniciativa popular no se puede utilizar en materias
propias de leyes orgánicas (relativas al desarrollo de los derechos
fundamentales, libertades públicas, régimen electoral), tributarias
(Hacienda Pública, Presupuestos) ni de carácter internacional?,
¿para qué sirve entonces la iniciativa popular?; ¿dónde está el
protagonismo de la sociedad civil para hacer cumplir a los representantes
políticos sus promesas electorales, como la de destinar el 0,7%
del PIB en caso de ganar las elecciones?; ¿dónde está el protagonismo
de la sociedad civil si para asociarse necesita de las subvenciones
gubernamentales?,...
Una sociedad civil entretenida en hacer proyectos para los pueblos
del Tercer Mundo, ocupada en parchear la situación de los pobres
que el sistema económico fabrica en serie, no representa ningún
quebradero de cabeza para el poder político ni económico; una
sociedad civil ocupada en rellenar impresos para solicitar subvenciones,
presentar informes, memorias, de las actividades justificativas
de tales subvenciones y en captar voluntarios cuando dichas subvenciones
se han conseguido, no provoca ningún dolor de cabeza a los que
manejan los hilos del poder; una sociedad civil ocupada en desarrollar
actos simbólicos de protesta sin creer en su propia capacidad
de transformación y subversión del orden establecido, no es motivo
de preocupación para los poderes públicos y privados.
Pero ¿qué pasaría si las ONGs decidieran crear una entidad independiente
para recaudar y gestionar ellas mismas los fondos recaudados para
la ayuda humanitaria, prescindiendo de bancos y cajas de ahorros?;
¿qué pasaría si en próximas elecciones se castigar a los partidos
políticos que cuando han estado en el poder han incumplido reiteradamente
sus promesas de ayuda humanitaria y cooperación al desarrollo?;
¿qué pasaría si empezáramos a exigir reformas de la Constitución
sobre la iniciativa popular, el mandato imperativo, el régimen
electoral...? ¿Seguirían las ONGs teniendo el apoyo institucional
público y privado que tienen actualmente?
No nos engañemos, nos están dejando representar el papel de sociedad
civil siempre y cuando no cuestionemos los principios "sacrosantos"
que rigen las decisiones políticas y económicas a nivel internacional,
y que responden a los intereses privados de los grupos industriales,
comerciales y financieros que nada tienen que ver con el bienestar
de las poblaciones de uno y otro hemisferio.
La prueba está en que cuando se atacan los núcleos del poder,
cuando lo que se cuestiona son las estructuras y las instituciones
que están en el origen de la injusticia y la pobreza, el poder
reacciona violentamente de la única manera que sabe: con los medios
policiales y militares. Este ha sido el caso de Praga, en donde
había un policía por cada manifestante ¿a qué tenían miedo? ¿qué
podían temer de los manifestantes? ¿por qué ese empeño en desprestigiar
a los activistas presentándolos como violentos, agresivos...?
Hechos como los de Praga y anteriormente, los de Seattle, Washington,
Melbourne, prueban que cuando se tocan las fibras más sensibles
del poder, éste se despoja de su máscara humanitaria y solidaria
y se muestra con la crudeza de quien teme perder sus privilegios
y prerrogativas: sólo así se puede entender la reacción violenta
frente a los manifestantes. Pero la lección es que ese puede ser
el camino para que la sociedad civil empiece a recuperar el terreno
perdido: primero la necesidad de retomar el principio del internacionalismo,
la unidad a escala internacional de todos los que deseamos una
sociedad más justa, de las víctimas y de los insatisfechos de
este orden que sólo crea violencia, hambre y destrucción; segundo,
dirigir nuestros esfuerzos y acciones a denunciar, desprestigiar,
desacreditar, las instituciones y estructuras en cuyo origen está
la raíz de la situación de millones y millones de personas.
Ser sociedad civil frente al estado exige una conciencia política,
una militancia organizada capaz de crear alternativas que pongan
en cuestión el orden establecido, unos criterios de discernimiento
en los que prime la justicia social y el derecho a la vida y una
vida digna. Ser sociedad civil no quiere decir que renunciemos
a nuestra cuota de poder, delegando en las instituciones y representantes
políticos. Ser sociedad civil es desarrollar un juicio crítico
de los poderes políticos y económicos para recordarles que la
soberanía del pueblo no acaba en una urna el día de las elecciones,
o en la libertad de organizar una asociación para la ayuda humanitaria.
La sociedad civil sólo podrá ser soberana cuando se tome en serio
su capacidad de lucha y transformación de las estructuras que
condenan al "corredor mundial de la muerte" a millones
de seres humanos.