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ROCIO GONZALEZ, De Pamplona, nos cuenta lo vivido en el campo de ROQUETAS
El comienzo de un verano diferente tuvo lugar el 22 de Julio cuando llegamos, desde Pamplona, a lo que será un lugar
de compartir y vivir experiencias durante las siguientes dos semanas, Roquetas de Mar. Durante ese primer fin de semana fue
una toma de contacto con las personas con las que íbamos a trabajar, jóvenes que venían de Tafalla, Sestao, Hernani y Vigo, además
de un chico del mismo Roquetas. A este grupo de diecisiete jóvenes se sumaban Mila, que vino como cocinera y Manu, el padre blanco que
había organizado el campo de trabajo.

Estos dos primeros
días fueron también una toma de contacto con el lugar y la realidad que nos rodeaban, fuimos a una fiesta que se celebraba, en la
iglesia, con motivo del bautismo de algunos africanos que habían estado recibiendo catequesis; además de este encuentro que fue como
primera impresión alucinante, fuimos a una fiesta de bienvenida que nos habían hecho los más pequeños del barrio de las 200
viviendas. Habían decorado la plaza para nosotros, incluso habían preparado diferentes actuaciones; era el día de clausura de un
campamento urbano organizado por Almería acoge.
Nuestro campo de trabajo en sí
comenzó el lunes 25 de Julio, cuando nos dividimos en dos grupos, unos bajamos a la iglesia a dar clases de español a adultos africanos,
mientras que el otro grupo se quedaba en el colegio esperando a que viniesen los niños del barrio de las 200 para llevar a cabo diferentes
juegos y actividades. Después de acabar la actividad de la mañana fue un no parar de contar con lo que todos nos habíamos
encontrado en nuestros diferentes sitios, estábamos realmente entu-siasmados. Nuestro día a día consistía en
levantarnos, tener un rato de oración mañanera, la cual ayudaba para comenzar el día, tras esta oración desayunábamos y a las 10
comenzábamos con las actividades. Tanto las clases como los juegos eran de 10'00 a 13'00, tiempo que se nos hacía corto y en el que
disfrutábamos tanto enseñando nuestro idioma y recibiendo la gratitud y aprecio de los adultos, como organizando juegos y recibiendo la
alegría y el cariño de los niños.
Después de comer teníamos tiempo libre hasta las 17'30, tiempo suficiente para poder dar una vuelta por el
barrio o para descansar. A las 17'30 comenzaban las actividades de la tarde, que consistían en que diferentes personas compartieran sus
experiencias con nosotros.
Todos nos llevamos cosas maravillosas de esos días, días que quedarán, seguro, marcados en nuestra memoria. |
Experiencias muy enriquecedoras, oír hablar a gente en primera persona sobre o bien cómo había sido su
estancia en África, o cómo era su labor dirigida a ayudar desde España a todo el tema de la inmigración, era muy interesante. Durante
las dos semanas que pasamos allá, pudimos recibir a todo tipo de personas, el mismo padre blanco que convivía con nosotros que nos contó
cómo habían sido sus once años en El Congo, las diferentes dificultades que había tenido que superar, también
la que nos preparaba la comida, Mila, nos contó cómo ella había creado una asociación de ayuda a inmigrantes, además de
ser voluntaria en la cárcel de Madrid. Otro día vino a hablarnos Marcel, un africano que llevaba siete años en España y nos contó
cómo había sido su viaje hasta llegar aquí; fue una charla muy emotiva, nos explicó cómo era el compañerismo de los africanos a la
hora de compartir lo poco que tenían, algo que a todos nos marcó.

También pudimos conocer la labor que hacía la asociación Almería acoge en el barrio de las 200, y la experiencia de
dos carmelitas en África, sus relaciones con los africanos allá y las diferentes colaboraciones que habían llevado a cabo. Carmelitas
que un par de días vinieron a acompañarnos con la oración que hacíamos todos los días antes de cenar. Otro día
tuvimos la oportunidad de conocer a un grupo africano que vino al colegio a tocar y bailar bailes de su cultura, fue una tarde especial, un
momento de encuentro con ellos. Acabamos bailando al son de sus tambores, mientras nos enseñaban sus pasos. Un momento agradable del
que disfrutamos todos, compartimos tanto sus bailes como nuestras canciones españolas.

Fueron días de formación
continua, tanto por las mañanas al compartir en primera persona nuestro tiempo con la gente del barrio de las 200 como por las
tardes. Todos nos llevamos cosas maravillosas de esos días, días que quedarán, seguro, marcados en nuestra memoria. Conocimos cómo eran
los africanos, cómo era su manera de ser; su gratitud, sus ganas de aprender y conocer, su hospitalidad y cariño nos llamaron
enormemente la atención. Una experiencia nueva que, probablemente, de una manera u otra, antes o después, volverá a ser
repetida por todos nosotros, una experiencia que mas que ayudar y dar, fue al revés, los que recibimos y aprendimos fuimos nosotros.
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