Tal vez haya en tu interior una Voz que te llama hacia realidades que te atraen: vivir en medio de otros pueblos, aprender lenguas, contribuir a un mundo más evangélico, compartir sueños con otros cristianos, crear donde no había, vivir modestamente, defender al pobre en nombre de la fe…

Por eso, te propongo que reflexiones sobre las siguientes palabras:

1-Perseverancia: ver cómo los obstáculos se amontonan (estudios, edad, familia, etc.) y sin embargo sacar energías para vencerlos. Esta perseverancia es señal de que Dios nos acompaña en cada uno de los pasos que nos pide que demos. Esta pasión que viene de lo Alto es signo de estar llamado.

2-Alegría: La vocación (aun en situaciones complicadas) te llena de un optimismo contagioso, de una sorprendente capacidad para ver siempre el vaso “medio lleno”. Esta alegría viene de Dios, que da mucho más de lo que por Él hayas dejado.

3-Salir: Cada misionero parece vivir como si estuviera predestinado para “sus gentes”. Esta capacidad para la empatía es un don de Dios que te desbloquea ante las grandes diferencias culturales que encuentra.

4-Pobres: Estar atraído por las periferias: transeúntes, huérfanos, barrios marginados, enfermos incurables, inmigrantes… Los gestos de Jesús, las personas con las que andaba, aquellos a los que enseñaba, las decisiones que tomó sobre dónde alojarse o a quién defender, la forma tan sencilla que tenía de rezar, todo eso formaba parte integrante de su Misión.

5-Iglesia: La vocación misionera exige que se ame a la Iglesia. Pero al estar en contacto con otras culturas se descubre, a menudo, lo esencial del Evangelio y podrás parecer crítico con un cierto estilo de Iglesia.

6-Reino de Dios: Hacer el bien sin distinción: pozos, escuelas, cooperativas, viviendas, vacunación, alfabetización, promoción de la mujer, etc. A menudo, esta actitud no hará “ganar adeptos”. Pero Jesús no hacía más que predicar el Reino de justicia, misericordia y lealtad que su Padre desea para todas sus criaturas.

La vocación misionera es un don que Dios ofrece para permitir que la Humanidad pueda acceder al mensaje de Vida que trajo Jesús. Y ese don nos cala muy dentro y no nos deja tranquilos; es como tener, en el alma, un gusanillo

 

José María Cantal Rivas, mafr

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