El 20 de febrero es el Día Mundial de la Justicia Social. Podría resultar una broma de mal gusto, si no fuera trágico, el que tengamos un día para todo, lo que más pisoteamos: los derechos humanos, la trata de personas, la dignidad humana, la democracia, alimentación, salud, medio ambiente, empleo y la justicia social.

Los políticos prometen lo que ni pueden, ni a veces quieren dar a los ciudadanos. El drama del sistema político-económico actual y de gran parte de los líderes sociales consiste en que la dignidad de las personas y el bien común no les importa. Solo les interesa el negocio y el poder. Esto es patente en África, como en el resto del mundo.

El papa Francisco dice:

Necesitamos crecer en una solidaridad que debe permitir a todos los pueblos llegar a ser por si mismos artífices de su destino. (A.E- nº 190).

“La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen solo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral”. (A.E. nº 203)

Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo”. (A.E. nº 205)

Muchos políticos tienden a politizar todo, mientras los poderes financieros negocian con todo: la salud, educación, alimentos, viviendas, empleo, la tierra y sus recursos, el deporte, la música y hasta con los servicios sociales.

Algunos magnates presumen de poseer montes, lagos e islas enteras, como Richard Branson que posee la isla de Mosquito, (Islas Vírgenes británicas), y 360 empresas.

Por eso resulta vergonzoso y aparecen hipócritas los líderes políticos y financieros, cuando se atreven a hablar del bienestar y justicia social, al mismo tiempo que reservan gran parte de su capital en paraísos fiscales.

La actuación de políticos y financieros, dentro de “este sistema capitalista, injusto en su raíz” (A.E. nº 59), no puede ser una actividad noble. Para que un servicio público o privado sea noble y beneficioso, debe cambiar este sistema y estas reglas del juego.

Es imperativo y urgente, cambiar a los políticos y financieros que operen irresponsablemente en este sistema esclavizador y cruel para la mayoría.

Es necesario aislar a las empresas, comercios e instituciones bancarias corruptas y depredadoras, con nuestras cuentas y compras diarias, eligiendo otras instituciones que promuevan el comercio justo, la banca ética y una economía más colaborativa, orientada al bien común. Tales Instituciones éticas siguen creciendo en todo el mundo.

Una sociedad concientizada, motivada, organizada y en colaboración con otras instituciones afines, tiene todo el poder y los recursos para realizar profundos cambios sociales en la gestión de todos los recursos y servicios, con responsabilidad y promoviendo el bien común. Estos cambios están llegando en África y en el mundo.

Necesitamos medios de comunicación y redes sociales, que promuevan la dignidad humana, la educación integral, la inclusión y la justicia social, por encima del lucro. El medio más relevante para una transformación social real y sostenible, será siempre una educación más integral que potencie todas las dimensiones del ser humano.

Si la desigualdad social sigue aumentando cada día, si seguimos saqueando las tierras y recursos de los pueblos africanos, si seguimos traficando con personas, con armas y drogas, si continuamos acaparando más riqueza en unas pocas manos a costa de rapiña y despojos, provocando millones de refugiados, si un 20% y hasta un 85% (Uganda) de los jóvenes siguen en paro, si sacamos los millones acumulados a paraísos fiscales, ¿cómo nos atrevemos a hablar de justicia social y de derechos humanos?

Lo sabemos muy bien. Los cambios y transformaciones sociales nunca llegan de los poderosos, y siempre brotan de las sociedades oprimidas pero conscientes de su dignidad, de su poder y de su responsabilidad.

¿A quién o a qué esperamos? Los partidos políticos actuales, incluso sus sindicatos, parecen parte del problema, pues todos operan dentro de mismo sistema capitalista. Todos buscan el poder y el control de los recursos. Todos conocen la corrupción.

Una nueva visión del ser humano con su dignidad, la promoción del bien común y la participación ciudadana, necesitan un nuevo marco de estructuras más colaborativas, éticas y transparentes, y sobre todo exigen líderes responsables y capaces de una gestión de acuerdo con los valores y derechos humanos universales.

PREGUNTAS:

 

  1. ¿Cómo promover instituciones y comercios más justos, transparentes y solidarios, a través de nuestro consumo diario en centros bien elegidos?

  1. ¿Cómo colaboramos con grupos afines, en la sensibilización y educación de la sociedad, sobre temas de justicia social y gobernanza responsable, para que sea una sociedad comprometida?

  1. ¿Cómo elegir y acompañar a los agentes sociales y políticos para que gestionen los bienes y servicios sociales con integridad y equidad?

RECURSOS:

  1. “A propósito de una economía global justa”. Suplemento del Cuaderno nº 201 de CJ – (nº 235) – Noviembre 2016.
  2. Recoser un mundo que se rompe”. Suplemento del Cuaderno nº 202 de CJ – (nº 236) – Diciembre 2016

 

Lázaro Bustince, mafr

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