Gracias

España. Andalucía. Almería. Roquetas de Mar. 40 grados centígrados. Mediterráneo seco. Calor, aridez, arena. Desierto. Y en el medio, un pequeño paraíso, un pequeño cortijo abierto a la solidaridad, la interculturalidad; abierto a la providencia, abierto a todo aquél que carezca de prejuicios, a todo aquél que vea más allá de la superficie; abierto a todo aquél que crea que las personas somos, ante todo, seres humanos y ciudadanos del mundo. Este pedacito, pequeño en superficie y grande por su gente y vecinos, es el barrio de las 200 viviendas de Roquetas.

Hemos podido formar parte de este barrio durante una corta, pero intensa semana, llegados de diferentes puntos de España, con un objetivo común: repartir el cariño y la felicidad, a los que se han visto privados de ello, a los más inocentes de cualquier conflicto bélico o geopolítico; es decir, a los niños. Gracias a los Padres Blancos, hemos podido vivir esta experiencia de vida única que recomendamos a cualquiera que tenga la voluntad de abrir los ojos al mundo: el campo de trabajo.

Durante una semana, hemos podido ser testigos y partícipes de la labor de la comunidad religiosa y, en concreto, de los Padres Blancos en este barrio: ayudan, acompañan, asisten, escuchan…Y no lo hacen desde una posición externa al barrio, o desde una postura ajena a la situación de sus habitantes. No. Lo hacen desde dentro, integrándose en profundidad, de forma plena y de igual a igual. Durante una semana, nosotros también hemos podido ser Roqueteros y un pedacito más de las 200. Y por ello: GRACIAS

Durante una semana, hemos podido compartir experiencias y momentos con la infancia de este lugar. Hemos aprendido tanto de ellos y nos han dado tanto sin pedir nada a cambio que sólo podemos decir: GRACIAS. “¿Vais a trabajar con niños inmigrantes? – nos preguntaban algunos familiares y amigos antes de partir. En su día, nuestra respuesta podía ser “Sí”, dada con celeridad y desde la inexperiencia. Sin embargo, ahora daríamos otra: “No, no vamos a trabajar con niños inmigrantes, vamos a trabajar simplemente con niños”. Y sólo por poder percibir la diferencia entre ambas respuestas damos GRACIAS.

GRACIAS Padres Blancos por dejarnos vivir esto, por dejarnos conocernos y conocerles, por permitirnos traspasar las noticias del telediario y ver todo aquello que éstas no cuentan.

El campo de trabajo nos ha dado mucho: alegría, empatía, conciencia, doble perspectiva… Y cada minuto allí, no se pierde, se invierte y los frutos de nuestro trabajo se multiplican exponencialmente obteniendo recompensa de cada esfuerzo. Cada momento con cada uno de los niños, viniesen de donde viniesen y fuese cual fuese su situación, ha sido irremplazable; cada recuerdo, cada canción, cada abrazo, cada sonrisa… ha conseguido hacer de esta semana lo que todos hemos calificado como la mejor experiencia de nuestras vidas.

Pero sin duda, la conclusión de este Campo de Trabajo, es que los niños no son españoles, senegaleses, congoleños o americanos, son niños. Los niños hacen dibujos de familias, de paisajes…pero de paisajes sin fronteras y sin vallas. Los niños te abrazan, te sonríen, confían en ti…y lo hacen sin dudar, sin preguntar dónde naciste, con la mirada limpia de prejuicios. Da igual origen, da igual destino, da igual el motivo por el que se encuentren en ese momento en un trozo concreto de alguno de los continentes de este mundo… Porque los niños, ante todo y sobre todo, son y deben poder ser niños.

 

Laura Bescos

(Madrid)

Campo Solidario – Roquetas de Mar – julio 2016

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