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Boko Haram sigue vivo

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Boko Haram sigue vivo La organización yihadista Boko Haram, a pesar de los reveses sufridos estos tres últimos años, se ha replegado a santuarios más seguros en los países vecinos, desde donde sigue sembrando el terror.

Los misioneros de la generación de los sesenta, -la mía y la de los que ahora hemos tocado los 80 años-, hemos sido testigos del progresivo aumento de la radicalización del islam en África. No era ese el primer islam que conocimos. Todo lo contrario. Pero, probablemente debido al confort que le proporcionaba saberse una mayoría, algunos musulmanes convertidos a la ideología del wahabismo profesado por Arabia Saudí empezaron a manifestar a las claras sus objetivos rigoristas. También estaba de por medio la voluntad expansionista y misionera del Coronel Gaddafi de Libia. Sus estrategias se adaptaron a las circunstancias de cada país. En los países de mayoría musulmana, como por ejemplo, Senegal, Malí, Níger, países colonizados por Francia, empezaron a exigir la implantación de tribunales islámicos, con el fin de instaurar en todo su rigor la ley islámica o charia. Querían oponerse de esta manera al sistema laico francés, pero también al islam de las cofradías, consideradas como demasiado supersticiosas. En la práctica, en todos los ámbitos donde podían ejercer su influencia, trataron de introducir algunas costumbres musulmanas, como el velo musulmán y la comida halal. Su capacidad económica les permitía ofrecer becas de estudio a numerosos estudiantes para estudiar en las universidades musulmanas del Magreb, Libia, Egipto y Arabia Saudí. Por todas partes surgían mezquitas, centros culturales islámicos y escuelas coránicas. El islam mostraba su fuerza en los mercados y en los transportes. Ambos sectores estaban en sus manos. Más tarde, aparecieron los Bancos islámicos.

Todo aquello, con la perspectiva de los años y la evolución del islam en años sucesivos, nos permite pensar en una maniobra orquestada desde fuera del continente africano, con un claro objetivo: la expansión del wahabismo, es decir, el islam practicado en Arabia Saudí, una ideología que, junto a la de Los Hermanos Musulmanes, ha servido de principal inspiración a los movimientos yihadistas que conocemos en la actualidad, tales como Aqmi, Boko Haram, y el Shabab, que han convertido a gran parte de África en un campo de batalla. La intervención militar de Francia y Estados Unidos en coordinación con los países afectados, principalmente Malí, Burkina Faso, Niger, Chad y Nigeria para controlar a estos grupos violentos, hubiera sido más que suficiente para ponerlo fuera de combate. Pero, los atentados cometidos recientemente en Malí y Burkina Faso muestran que estos movimientos siguen vivos y con capacidad de hacer mucho daño. Según Amnistía Internacional, solo el grupo Boko Haram  ha causado, desde abril del año pasado, cerca de 400 víctimas. En julio, Boko Haram asesinó a más de 70 personas en un ataque a una sociedad petrolera en el noreste de Nigeria. La táctica terrorista incluye barbaries como la inmolación de niños y niñas como kamikazes. Se calcula que, desde 2009, el número total de víctimas provocado por el conflicto entre el Gobierno nigeriano y Boko Haram asciende a 20.000 muertos y dos millones de desplazados…

La influencia de Boko Haram se extiende desde Maiduguri, capital del Borno nigeriano, lugar donde nació el movimiento de Boko Haram, hasta los países vecinos, sobre todo, al sur de Níger, en la zona del lago Chad y norte de Camerún. Pero sus conexiones les unen a los movimientos yihadistas que operan desde Somalia en el Este, hasta Mauritania en el Oeste, en un área de varios miles de kilómetros. Últimamente, Boko Haram ha tenido algunos reveses bélicos, pero, aunque malherido, no ceja en su empeño asesino. Las fronteras africanas son muy permeables y el terreno muy versátil -desierto, bosque, sabana y lagunas de difícil acceso- se presta a las estrategias de guerrilla. A Boko Haram y a los grupos afines que operan en esa vasta región, no les cuesta mucho conseguir armas. Desde la caída del coronel Gadafi, las armas circulan en abundancia por todo el Sahel africano. Tampoco les falta dinero, -obtenido básicamente a través de robos, tráfico de drogas e impuestos- ni jóvenes reclutas dispuestos a coger las armas. Aparte de la guerra y del exilio, las opciones son pocas para muchos jóvenes en África. Según se expresaba el obispo nigeriano de Maiduguri: “Boko Haram ya forma parte del fenómeno mundial del terrorismo internacional, como demuestran los ataques simultáneos perpetrados aquí, en Maiduguri, que parecen reproducir algunas modalidades de los ataques terroristas de París o de otras partes del mundo». El obispo añadía que “Boko Haram es una secta que no hace grandes distinciones entre musulmanes y no musulmanes. La mayor parte de la población quiere vivir en paz. Boko Haram mata a quienes no siguen su objetivo de erradicar la educación “a la manera occidental”. No será fácil eliminar a Boko Haram de su zona de influencia. En la región de los hausa, que habitan al Norte de Nigeria, flotan todavía los aires de Guerra Santa promovidos por el jeque Uthman dan Fodio hace casi dos siglos. La obsesión de imponer la charia o ley islámica a toda esta región perdura todavía en el corazón de muchos musulmanes de estas regiones. Nigeria, el país más poblado de África, afronta el reto de un norte mayoritariamente musulmán y de un sur dominado por el cristianismo. La oposición entre ambas regiones es evidente. La violencia de Boko Haram ha caldeado el ambiente. La solución no es la guerra ni la exclusión. Frente a las ideologías y frente a los que las promueven, no hay mejores armas que la educación a la tolerancia y a la convivencia pacífica. No estamos para guerras de religión.

Agustín Arteche Gorostegui.

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