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Abrazar el futuro con Esperanza

Francisco- Carmen Sammut

Siguiendo la línea de los dos últimos EDITORIALES de PEBEFA, escritos por Jesús Zubiría y Pepe Morales, agradezco que en el contexto de la celebración del 150º aniversario de la fundación de nuestros dos Institutos, se nos brinde este espacio à las Misioneras de Nuestra Señora de África (Hermanas Blancas).

Escribo basándome en la tercera parte de la invitación del Papa Francisco ya citada en los anteriores PEBEFA “Mirar al pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrazar el futuro con esperanza”. Abrazar el futuro con esperanza… es así como el 31 de Diciembre de 2017 llegué à Madrid después de 49 años fuera de España, gran parte de ellos en África del Oeste. Hace 3 meses fui enviada a la comunidad de Logroño (Rioja) y desde aquí, trato de abrir mis sentidos para vislumbrar, en lo posible, la realidad actual de nuestro país en la Europa de hoy y del mundo. Me inspiran las palabras de nuestros Consejos Generales en su carta de 2014: “Estamos a la escucha de la llamada de Jesús para ponernos en camino, animados y revitalizados por nuestra misión en África, en Asia, en Europa y en las Américas”. Llamada que nos reta, en esta celebración del 150 aniversario de nuestra fundación, a vivir el futuro con Esperanza. La Esperanza, considerada según Pegui “la más pequeña de las virtudes teologales”, es hoy en día la que más necesitamos porque sentimos que el desaliento ronda en torno nuestro, ya que las seguridades sobre las que nos veníamos apoyando, en ciertos casos ya no nos sostienen. Necesitamos descubrir nuevamente en qué nos fundamos para vivir la Esperanza con aliento, decisión y elegancia.

En primer lugar pienso que la piedra angular sobre la que nuestra Esperanza se apoya es el hecho que el Gran Protagonista de la Misión es nuestro Dios Trinidad. Nuestro Dios tiene un proyecto misionero para la sociedad de hoy y nos sigue enviando a misionar con la fuerza de su Espíritu. Estoy convencida que Él cuenta con nuestros dos Institutos para manifestarse y ofrecer su Salvación a nuestro pueblo. Digo ‘nuestro pueblo’ refiriéndome a España, ya que es aquí donde concretamente nos encontramos para vivir la misión. Para ello es importante preguntarse ¿qué quiere Dios de nosotros hoy para que el Evangelio fermente nuestra sociedad? ¿Cuál es la pequeña aportación que nuestras comunidades pueden ofrecer ahí en dónde están? Es crucial responder desde el corazón a estos retos.

A continuación, me parece evidente que nuestra esperanza se apoya también en la fuerza renovadora del don recibido por nuestro Fundador hace 150 años, don que reside en nosotros para hacerse vida. Es obvio que el Carisma de Lavigerie no es letra muerta en el papel. Es más bien entusiasmo, pasión y discernimiento en el interior de nuestros corazones. Esta gracia nos permitirá encontrar caminos para actualizar nuestro Carisma según lo que Dios quiera realizar hoy.

Finalmente, la Esperanza nos provoca para dar respuesta a la búsqueda de sentido a nuestra vida y a la de nuestros contemporáneos. Lo que voy descubriendo en España me muestra una Sociedad en cambio vertiginoso: contraste marcado a nivel generacional, tentación del dinero y de la corrupción, poca fuerza de los valores humanos a la hora de hacer opciones de vida, ignorancia de la fe que en la práctica, en la mayoría de los casos, se reduce a actos sociales sin relación con ella. Al mismo tiempo constato una generosidad extraordinaria de los laicos, jóvenes y mayores, sentido fuerte de la justicia y del don de si por los necesitados. En Logroño, el Presidente de Caritas el día del Corpus escribía en la hoja dominical que la fuerza de Caritas la hace el voluntariado intergeneracional, con más de 700 voluntarios en la diócesis. Lo mismo podría decirse de Manos Unidas u otras instituciones. De manera especial, me pregunto: ¿cómo no ver la fuerza joven y dinámica que toma por asalto nuestras fronteras a través de inmigrantes y refugiados? Signos nuevos que piden cambios. Esta misión apasionante nos alcanza, en España, en una etapa particular de nuestra vida. Nos sentimos portadores (as) de una gran riqueza de experiencia acumulada a partir de África: relación a Dios, vivida en situaciones muy diversas, que ha fortalecido y dado forma a nuestra vida interior, apertura al otro diferente, colaboración con otras gentes y pueblos, capacidad de maravillarnos delante de lo que Dios crea y recrea allí donde solo había deseo, como son el nacimiento de nuevas Iglesias, fecundidad de la vida religiosa, dinamismo y fervor de los laicos, acercamiento interreligioso. Sin embargo reconocemos que llevamos este tesoro en fragilidad. ¿Qué decir: “Todo está acabado, los tiempos de la misión ya pasaron?” Las palabras del Papa Francisco en la carta a religiosos (as) nos muestra otro camino: « No cedáis a la tentación del número y de la eficacia. Menos aún a la de confiar en vuestras propias fuerzas, escrutar los horizontes de vuestra vida y del momento actual, revestiros del Señor Jesús… permaneced despiertos y vigilantes”.

Desde nuestra pequeñez, en humildad y gozo, es urgente vivir a fondo ofreciendo a los demás, el tesoro de Jesús-Cristo y la Gracia del Carisma recibido de nuestro Fundador Carlos Lavigerie. ¡FELIZ JUBILEO!

Finita Martinez, hmnsa

Texto tomado del Boletín PEBEFA (Padres Blancos en Familia)

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