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1868-2018: Recordando el pasado con agradecimiento

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El 8 de julio fui nombrado Delegado Provincial de los Misioneros de África en España. Con estas líneas en PEBEFA (Padres Blancos en Familia) os mando a todos, familiares y amigos, mi más cordial saludo. Al mismo tiempo, quiero agradecer a José Morales (nuestro querido Pepe) por su generoso y competente servicio como Delegado Provincial durante los seis últimos años. Aunque algunos años más joven que yo, Pepe ha sido en muchas ocasiones mi maestro, un buen y apreciado maestro. Me hubiese gustado mandaros este, mi primer PEBEFA, antes de Navidad y del Año Nuevo. Pero por diferentes razones, que muchos podéis adivinar fácilmente, no me ha sido posible. Como aún estamos en los primeros compases, en las primeras semanas de este nuevo año 2018, quiero desearos a todos los lectores durante todo este año lo mejor que esta vida y este mundo pueden darnos

El 19 de octubre de 2018 vamos a celebrar los 150 años de la fundación de la Sociedad de los “Misioneros de África de Alger”, como entonces nos llamaron. En ese día se abría, en 1868, nuestro primer noviciado para la formación de misioneros al servicio de África. Apenas un año más tarde, el 8 de septiembre de 1869 se habría el primer noviciado de las “Hermanas Agricultoras y Hospitalarias”, hoy llamadas Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África o Hermanas Blancas. Desde entonces han pasado150 años. Son muchos años. Años repletos de acontecimientos significativos. A menudo fueron años duros, años de mucho sufrimiento y sacrificios. Baste recordar que, pocos años después de la fundación de los Misioneros de África, en 1876 y en 1881, fueron asesinados los seis miembros de las dos primeras caravanas de misioneros, destinados al Sudán. Poco después, en 1886 tuvo lugar la tragedia de los Mártires de Uganda. Después de ellos muchos Misioneros de África (Padres Blancos) y Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África (Hermanas Blancas) han fallecido, víctimas de violencia, o en condiciones de precariedad extrema. Frente a esta realidad, nos puede sorprender que nuestros dos consejos Generales, el de los Misioneros de África y el de las Hermanas de Nuestra Señora de África, escogiesen como lema del primer año de preparación de los 150 años de nuestra existencia “recordar el pasado con agradecimiento”. Agradecimiento ¿de qué?, o ¿por qué?

Durante estos 150 años, unos 5.350 Misioneros de África y 2.742 Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África han dedicado generosamente sus vidas y sus talentos al servicio y a la promoción de los pueblos africanos. A menudo tuvieron que vivir y trabajar en condiciones extremamente difíciles. La primera caravana de Misioneros de África al África Central estaba compuesta por 10 misioneros. Uno de ellos falleció en el camino, víctima de enfermedad y de agotamiento, sin poder llegar a su destino. Los otros nueve miembros de la expedición tuvieron que andar a pie entre 1200 y 1500 kilómetros para poder llegar a sus respectivos destinos. No hay duda de que, en muchas ocasiones y lugares, los 150 años de presencia de nuestras dos sociedades misioneras en África fueron tiempos difíciles, tiempos de grandes sacrificios y de mucho sufrimiento. Pero también fueron años de grandes cambios, de increíble progreso en muchos campos como la evangelización, la salud, la educación, las comunicaciones, las relaciones entre los pueblos. Nos alegramos y damos gracias a Dios por haber contribuido significativamente a ese progreso en un gran número de países africanos. Hoy, 150 años después de nuestra fundación, podemos hablar del “otro rostro de África”, de un rostro diferente, más bonito y mejor. De un África que está haciendo en dos siglos el camino – a veces a tropezones, es verdad- que otros continentes hicieron en más de veinte. La contribución de los misioneros y misioneras a este desarrollo de África ha sido impresionante. Detrás de las estadísticas, detrás de los fríos números, detrás de cada cifra hay rostros humanos: rostros de hombres y mujeres; rostros de jóvenes y ancianos; rostros de personas sanas y de personas enfermas. Bajo el nombre de África hay muchos pueblos (tribus) y naciones. Cuando los primeros misioneros y misioneras llegaron a África se encontraron con esos pueblos y naciones, con gentes muy diferentes, con un mosaico de razas y culturas, que habían hecho su camino; que tenían detrás de sí una historia; que eran portadores de muchos y grandes valores, como la veneración de sus antepasados, un profundo sentido religioso, la solidaridad familiar y la fraternidad, la acogida calorosa, la alegría, la música y la danza, un indecible aguante y una ilimitada paciencia. Fue sobre esta base cultural, sobre este capital humano, que los misioneros y misioneras realizaron su obra. Y no hay duda de que la suya ha sido una obra grandiosa, tanto desde el punto de vista religioso como social. Actualmente hay 215 millones de católicos en África, lo que representa casi el 20 por ciento de la población total del continente. La iglesia africana, en fuerte contraste con la nuestra, es una iglesia joven, una iglesia dinámica, una iglesia en fuerte y continuo crecimiento. La cara más visible e impresionante de la iglesia aparece en sus obras sociales, o de desarrollo, como solemos decir. A pesar de sus límites y carencias, la iglesia ha sido y sigue siendo un ejemplo de unidad, de coherencia y de compromiso social. Es un motor de desarrollo, no sólo en lo religioso sino también en lo social. Os presento unas pocas cifras, que me parecen muy significativas. En el campo de la enseñanza, actualmente hay nada menos que 17 millones de jóvenes – y bastantes no tan jóvenes en las escuelas primarias católicas; más de cinco millones en las secundarias; y cerca de 200.000 alumnos/as en institutos superiores y universidades católicas. La iglesia lleva la responsabilidad y la carga de 1221 hospitales y, algo que a veces nos impresiona más, por lo desconocido que es para nosotros, 174 leproserías. Estos son nada más que unos pocos botones de muestra de lo que han sido y de lo que han hecho en África y por África tantos misioneros y misioneras. Los Misioneros de África y las Misioneras de Nuestra Señora de África, junto con las poblaciones y las iglesias locales, han jugado un papel determinante en este impresionante resurgimiento del continente africano. Por todo eso, tenemos razones más que suficientes para recordar y celebrar con agradecimiento, entre 2018 y 2019, los 150 años de la fundación de nuestras dos sociedades misioneras.

 

Jesús Zubiría, Delegado Provincial de los Misioneros de África (Padres Blancos)

 

Fuente: PEBEFA (Boletín “Padres Blancos en Familia”)

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