niños_1
14º domingo A
8 julio, 2017
Mostrar todo

15º domingo A

sembrando
Isaías 55,10-11   —   Romanos 8,18-23   —   Mateo 13,1-23
 
Si contamos hoy con varios evangelios, es porque desde el primer día los discípulos de Jesús, y más tarde los mismos evangelistas, interpretaron y narraron la vida, los hechos, las palabras de Jesús de formas muy diversas, muy diferentes a veces. No podía ser de otra manera, ya que cada uno observaba a Jesús desde sus propias circunstancias personales y comunitarias. También hoy, un granjero holandés y un Tuareg del Sahel no pueden apreciar del mismo modo la parábola del Sembrador de este domingo. Y por ello es muy interesante y provechoso cuando los evangelios coinciden, como lo hacen hoy Mateo, Marcos y Lucas al contarnos la misma parábola del Sembrador. O cuando los que han preparado la liturgia nos invitan a tratar de escuchar lo que Jesús dijo incluso antes de que fuera interpretado. Hoy lo hacen invitándonos a meditar las dos lecturas que preceden al Evangelio.
En la primera lectura: “Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía”. Son las palabras que un poeta anónimo del Exilio atribuye a Dios. ¿Imagináis una comunidad cristiana destruida que ya no tendría ni sacerdotes ni sacramentos ni dinero? Pues bien, tal fue la experiencia de los judíos, cuando Jerusalén y con ella el templo fueron destruidos y ellos fueron exiliados a Babilonia en el siglo VI A.C. Pero tal es la confianza del poeta anónimo en Dios, que proclama que Dios siempre triunfa en sus planes para nuestra humanidad, a veces incluso a pesar de nuestra mala voluntad. A nosotros nos corresponde el aceptarlos con alegría y optimismo. Y ello aun cuando esos planes no coincidan con los que nuestra mentalidad estrecha y egoísta hubiera imaginado o deseado. “Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía”. 
En la segunda lectura San Pablo muestra un optimismo tan fuerte e impresionante como el del poeta anónimo del Exilio. Imaginad la situación de Pablo. Una pequeñísima comunidad de cristianos dispersos en algunas ciudades alrededor del Mediterráneo. Para las autoridades romanas, esos cristianos eran sólo un pequeño grupo de judíos, un poco diferentes y bastante exaltados. Los mismos judíos desconfiaban de sus correligionarios cristianos. Incluso los cristianos de Jerusalén desconfiaban de Pablo y su apertura al mundo pagano… Y a pesar de todo ello Pablo escribe: “Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá”. Y puesto que vive en comunión con Jesús, su visión del futuro es tan positiva que ya dos milenios antes de la invención de la ‘ecología’ piensa en un universo restaurado: “Porque la creación expectante está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios”.
Tras haber meditado las dos primeras lecturas, podemos intuir mejor lo que Jesús quiere transmitirnos en la parábola del Sembrador. Dios ya está actuando en el mundo. O si lo preferís con el vocabulario bíblico de la época de Jesús, Dios ya está sembrando su reino en nuestro mundo. Jesús es realista. Reconoce que hay zarzas, espinas, piedras y la tierra seca de los caminos. Pero nadie podrá impedir el plan de Dios para nuestra humanidad: “El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta”.
¿Y nosotros? Jesús enseñaba en parábolas. Propio de las parábolas es que si por un lado no necesitan ser explicadas, así son de claras, por otra parte invitan al oyente a interpretarlas y aplicarlas a su propio contexto personal o comunitario. Entre los oyentes hubo sin duda muchos a quienes Jesús les resultaba entretenido e incluso interesante. Pero nada más. Según la Biblia ocurría lo mismo cuando la gente escuchaba a profetas como Amos, Jeremías o Ezequiel. En el caso de esta parábola del Sembrador, en los versículos siguientes (¡Por desgracia en muchos sitios se leerá la versión breve!) los evangelistas nos dicen que los discípulos le hacen preguntas a Jesús. Primero sobre aquellos que oyen las parábolas y se quedan ahí. Y luego por el sentido que la parábola pueda tener para los mismos discípulos.
Y a nosotros, ¿qué nos dice esta parábola del Sembrador?
Ramón Echeverría. mafr

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies